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Ernesto Aroche Aguilar

“Por amor de Dios, exigimos paz. No más violencia”, reza un cártel fosforescente que sobresale, de entre una multitud de más de 500 personas, no por lo brillante del color sino por el mensaje que mezcla lo mismo la fe que la exigencia de que se termine una guerra que ha sumado más de 36 mil víctimas y varios cientos de miles desplazados.

Frente al hombre que alza el cartel sobre su cabeza otros dos hombres llevan en las manos sendas flores blancas, y escuchan algunos de los poemas que escribió un hombre que hoy ha renunciado a las letras en protesta por el asesinato de su hijo: Javier Sicilia.

El acto, mitad performance artístico, mitad protesta por la violencia que ha llenado de sangre al país, es una de las 25 manifestaciones que se llevaron a cabo en todo el país y algunas ciudades del extranjero y que terminaron como repudio a la estrategia de combate al crimen organizado que se ha seguido desde el 2006, año en que Felipe Calderón fue nombrado presidente de la República.

Pero fue el “estamos hasta la madre” la frase que retrata de mejor manera la molestia por los “daños y bajas colaterales”, ese eufemismo que encierra los miles de cuerpos que sin estar relacionados con los grupos delictivos o con las fuerzas armadas han caído en los casi cinco años del actual gobierno.

La cita fue a las cinco de la tarde y fue a través de las redes sociales que la voz corrió desde la noche del domingo, cuando, primero simpatizantes de las redes ciudadanas, y más tarde usuarios de estas redes en general empezaron a replicar la propuesta que desde las páginas del semanario Proceso había lanzado el poeta.

A esa hora comenzaron a llegar amas de casa, padres de familia, pero también estudiantes, académicos para la mini marcha que llevó al primer contingente de la plaza de la democracia, ubicada frente al edificio que alberga las oficinas de la Universidad Autónoma de Puebla, al zócalo de la capital poblana, donde los esperaba un segundo contingente que ya había preparado la lectura de poemas y una lista de oradores para recordar parafraseando a Sicilia, que “mis vivos están muertos”.

Metros más allá del improvisado pódium, Rosana que está en Puebla huyendo del narco que se ha apoderado de Tamaulipas dice sin esperanza alguna al hablar de lo que pasa en su tierra, “es más fácil que lo que pasa en el norte, comience a pasar en Puebla, que las cosas se solucionen por allá, no veo por dónde, no veo cómo”.

La respuesta parece llegarle desde las palabras del Sobreviviente, otro de los poemas elegidos para la protesta: “Toda ausencia es atroz / y, sin embargo, habita como un hueco que viene de los muertos, / de las blancas raíces del pasado /¿Hacia dónde volverse? / ¿hacia Dios, el ausente del mundo de los hombres?”.

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