Taller de perfiles (relatoria) JVC

Dos mamotretos, tres días, una montaña de conocimiento

Ernesto Aroche Aguilar

Marzo, cualquier día por la mañana.

Dos mamotretos de más de 350 folios tamaño oficio fueron puestos en nuestras manos (en las manos de los 11 becarios de la Fundación Prende, y días más tarde en las de los periodistas externos que se sumaron a la convocatoria), con instrucciones precisas para su lectura y manejo: había que engargolar los dos paquetes por separado [Quién es quién, una propuesta para escribir reportajes sobre personas I y II], leer al menos cuatro textos, subrayarlos con marcador amarillo y hacer las anotaciones que se creyeran convenientes.

La razón una: el ponente quería saber cómo demonios leen los reporteros con los que convivirá durante tres días, porque en la lectura está la clave para el desarrollo narrativo, según palabras de Julio Villanueva Chang, el obseso y casi mítico editor de Etiqueta Negra; de otra manera, advertía: “todo lo que les diga a partir de mi saludo de bienvenida parecerá chino –y no precisamente mandarín sino cantonés–”

***

Y el obseso llegó, rechazando las formalidades que obligan a la presentación para pasar de lleno a la materia abriendo la batería de preguntas que con lentitud pero in crecendo fueron llenando la pequeña sala para tratar de entender cómo se consigue que el dato, la anécdota e incluso el detalle logren la metamorfosis para convertirse en conocimiento.

En un taller que a lo más que aspira es enseñar a leerse a uno mismo, como un elemento de arranque antes de aprender a escribir, en aras de conseguir el regreso de lector, ese ente que cada vez más se aleja de los medios tradicionales, impresos o no, avasallado por el mar de información en que vivimos inmersos.

El punto de vista

“Caetano Veloso dice que de cerca nadie es normal”, cita el “dictador amable”– como se autodefine el escritor peruano sin decirlo jamás– en uno de los casi 700 folios de los dos mamotretos que nos entregaron. La “línea” en realidad es presentada por el dibujante y caricaturista argentino Ricardo Linier (http://autoliniers.blogspot.com/) en su tira Macanudo, pero es aprovechada por el chino que también es peruano o el peruano que en realidad es un chino camuflajeado de obseso o el sujeto que frente a nosotros y detrás de unas gafas de pasta negra lanza dardos sobre el trabajo de realizar perfiles, para hablar justo de eso último, de la mirada del reportero-cronista-perfilador-obrero y detective que buscará explicar, luego de sumergirse tanto como le sea posible en el objeto de su deseo, los mecanismos, las razones, el fenómeno en sí.

Para el ex editor del diario El Comercio de Perú todo depende del punto de vista, esto es lo que condiciona incluso el tono en que se narrará después. Un perfil, una crónica, pero incluso una nota informativa por más “notarial” que sea no dejará de ser la mirada a un hecho, cualquiera que este sea.

¿Ejemplos? Los de todos los días. Una rueda de prensa X con personajes X será reproducida al día siguiente con ángulos distintos, la “nota” (la declaración noticiosa, el hecho informativo) podrá ser la misma, pero difícilmente —a menos que el “consenso” reporteril o de grupo dicte alguna línea a seguir— empezará de la misma manera y la ponderación de la información proporcionada dependerá, la más de las veces, de la tendencia o política editorial del medio. Difícilmente una nota en La Jornada, Reforma o El Universal podrían empezar igual.

Con sus 41 años (Lima 1967) a cuestas Chang tiene pocas dudas, “el punto de vista es lo que manda” y en ese punto de vista están incluidas todas las experiencias previas, todos los libros leídos, la cosmovisión y las manías, los gustos y los disgustos, las filias y las fobias, incluso los manierismos y los errores educativos del reportero, que harán que el cronista en turno decida situarse en X posición para narrar la historia, condicionará también su búsqueda e incluso sus fuentes para la reconstrucción de las escenas que añadirán valor a la historia del personaje.

Por eso, la recomendación es insistente: lean reportajes narrativos, lean crónicas y perfiles — “sino has leído biografías cómo quieres escribir perfiles”, pregunta el dictador amable, pero también cuentos, pero también novelas y también poesía— . Analicen los textos por los que puedan pasearse, miren estructuras narrativas, observen como otros resolvieron sus trabajos y retomen lo que pueda funcionarles, vamos que se trata “de gente que roba a otra gente para aprender”, sean ideas, estructuras o formas.

Transformar el dato en conocimiento

“Desde niños hemos conjugado más el verbo contar que informar; hemos conjugado más el verbo descubrir que denunciar” lanza como dardo preciso una vez más el obseso que vino del sur (del cono sur de la América periodística) al tiempo (es un decir) que observa en el cronista a un coleccionista de datos, de datos que tendrán que ser convertidos en conocimiento,  pues de otra manera caminará no por el camino de la experiencia sino de la acumulación que apenas informa, cuando la labor ahora es “producir conocimiento y saberlo comunicar”, es decir volver común algo desconocido.

Y pues no tendrá caso escribir cosas importantes si éstas no pasan por un tamiz que las vuelva, además, interesantes.

Pero, ¿cómo se consigue eso?, ¿Cómo vuelve al dato en conocimiento?, muchas veces al darle volumen, al llevarlo del imaginario a la tierra, al ponerlo en una dimensión que permita observar las aristas, al mirarlo en escala, con patrones de conducta que muestren eso que estamos enunciando.

Y de vuelta a los mamotretos, al escarbar en las decenas de textos periodísticos que Villanueva usa como ejemplos para enseñar y aprender.

O no, tomar otro texto de cualquier otra parte. La revista Gatopardo por ejemplo, y navegar en sus páginas. El número de marzo (2008) ofrece un perfil de Juanes, el cantante colombiano que ha logrado trascender incluso las fronteras del idioma sin tener que recurrir al inglés como herramienta de penetración (y aunque sí ha cantado en el idioma anglosajón al menos en un dueto con Tony Bennett, no dejan de ser anecdótico).

El perfil rastrea entre otras cosas el vértice activista del colombiano y dice: “En los últimos años el cantante se ha transformado en uno de los experimentos proselitistas preferidos del poder colombiano.  En una época en la que los políticos buscan desesperadamente salir del desprestigio, obtener el respaldo de Juanes se ha convertido en un botín inmejorable”, ahí el dato, dos en realidad: en Colombia se vive un fuerte desprestigió de la actividad política; y, dos, el capital social de otros actores sociales se ha vuelto un botín apetitoso.

Luego la metamorfosis que el reportero propone: “Así lo demostraron los tres políticos más populares el año pasado. Álvaro Uribe, el presidente, no sólo lo nombró ‘Embajador de Colombia ante el mundo’, sino que logró que en 2006 el artista diera una declaración pública en apoyo de su reelección. Aníbal Gaviria, ex gobernador de Antioquia, logró que Juanes viajara con él a uno de los pueblos más apartados del departamento y apadrinara uno de sus programas de educación temprana. Sergio Fajardo, ex alcalde de Medellín, lo convenció de que diera un concierto gratis en una de las principales avenidas de la ciudad. El resultado: la envidia de los rivales del alcalde y 150 mil personas aplaudiendo a ambos”.

Y continúa el autor al señalar que fue el apoyo del autor de “La camisa negra” al sucesor de Fajardo lo que “le dio el triunfo al nuevo alcalde”

El dato convertido en conocimiento, transformado de mera enunciación periodista a reafirmación del hecho en la práctica, a ejemplificación para metamorfosearlo de mera aseveración volátil a asidero.

Villanueva lo explica así: “Cuando se propone ir más allá de la narración y adquiere un vuelo ensayístico, una crónica (perfil en este caso) es también una forma de conocimiento. Un cronista tiene el desafío de ser reportero y traductor de los acontecimientos, y ya no sólo un escritor de la información. Su desafió es narrar una historia de verdad sin traicionar el rigor de verificar los hechos pero con el fin de descubrir y explicar a través de esta historia ciertos síntomas sociales de su época. El reto es narrar los hechos de tal forma que lleven a un lector a entender qué encierra un fenómeno y sus apariencias. Se trata de convertir el dato en conocimiento”.

Y concluye: “En general lo gente no busca historias porque quiere leer; la gente busca experiencias. La vida, en el acto de recordar, no es más que una colección de experiencias”.

El perfil como punto de encuentro

El perfil es, en su forma más elemental, “un retrato de alguien, es decir una explicación de quién es y de cómo ha llegado a serlo y en su versión más ambiciona es un reportaje sobre una persona muy singular”, pero también de acontecimientos, de momentos incluso.

Para ello el escritor de perfiles debe aspirar a conjuntar ambiciosamente en si mismo todos los géneros periodísticos; debe ser, según palabras del dictador de Etiqueta Negra: “un retrato coral, con documentos, anécdotas y más”.

Y en ese retrato coral cabe lo mismo la nota informativa, que proporcionará datos duros, incluso declaraciones, pero también el ensayo, ese que permitirá desmenuzar el todo en partes para ir añadiendo valor y limando la dureza de esos datos y declaraciones descontextualizadas.

Pero además echa mano a los recursos de la narrativa para ofrecer un texto atractivo y agradable a la vista, lleno de sustancia y floritura. Así, metáforas, enumeraciones, contradicciones, contrapunteos y demás figuras literarias deberán ser parte de la prosa por más periodística y duro que pudiera parecer en un inicio el tema.

Pues, “parte de las historias más memorables son aquellas en las que un cronista ha sabido contagiar esa fascinación que sintió por lo descubierto, incluso cuando vuelve extraordinario lo más banal. (…)”

El reportero debe ser, según el peruano, “un recaudador de minúsculas singularidades, lo que a un reportero notarial le podría parecer una banalidad, para un el cronista podría ser un indicio de una verdad mayor. Luego de un trabajo de información y reflexión, el cronista dotará ese indicio de sentido o simplemente lo desechará”.

Este es un trabajo no sólo de adquisición de datos sino de una minuciosa selección de ellos, para poder contar “no sólo lo que sucede sino sobre todo lo que parece que no sucede, pues un perfil no sólo define a una persona en singular sino que la universaliza dentro de una comunidad. Un perfil es la excavación de una personalidad, y su autor se vale de una montaña de entrevistas, documentos y, a fin de cuentas, de su mirada selectiva: comunica lo que sabe y lo que ignora”.

En las definiciones, más bien a vuelo de pájaro, se tienen dos tipos de perfiles según el tiempo que invierta en su trabajo el autor: “1. El que excava una personalidad para definir un patrón de conducta durante toda su vida. 2. El que sobrevuela la vida de alguien para definir su personalidad en sólo un momento de ella”.

Despejando el campo de batalla

Y luego el momento de la verdad, cuando luego de conjuntar y allegarse de recursos, documentos y anécdotas que ofrezcan la sustancia con que se confeccionará y coserá el texto el cronista-perfilador tendrá que usar su “poder literario de selección, como llama Thimoty Garton Ash al ojo clínico que un reportero usa para seleccionar unos cuantos momentos que transmitan toda una vida”.

Y dice el multicitado peruano: “El vigor y la autoridad de una historia periodista está en cómo administrar esa tensión natural entre lo que se sabe y lo que se ignora, entre lo que se cuenta y lo que se omite y en cómo en última instancia un cronista selecciona y da lógica y sentido a esta información para poder construir con ella una imagen de su época”.

Sin olvidar que el acto de descubrir supone inevitablemente el de encubrir, “no se trata —recuerda Jon Lee Anderson en voz del ponente—  de humanizar sino de conocer a alguien”.

Somos, o debemos ser más bien, aspirantes a sufrir el rigor de un detective teniendo además como herramientas de cajón el entendimiento de un sociólogo sumado a la habilidad de un narrador, esto para combatir, por decirlo de alguna manera, contra la sospecha con que se ha impregnado a la labor periodística que suma varios y escandalosos fraudes en su haber (vrg. Janet Cook y Jayson Blair) pero también una cínica relación con el poder y sus intereses mediáticos.

“Hoy el reto es una aventura de inmersión y de conocimiento de una cultura, y, en consecuencia, una frecuente cita con el escepticismo y la perplejidad”.

***

“No se trata –sentencia una y varias veces, de maneras distintas y con palabras distintas, pero siempre igual– de ser un ventrílocuo con buena caligrafía: en tiempos en que se confunde cada vez más lo que producen los periodistas en una sala de redacción con lo que produce el público en los blogs y en las noticias que aparecen en la pantalla de tu teléfono móvil, hacer un periodismo narrativo que explique un acontecimiento y escribir bien ya no es tanto una libertad estética sino una necesidad ética. Y quien ahora no se preocupe por ‘escribir bien’ no sólo perderá lectores sino sobre todo ciudadanos que entiendan qué está sucediendo y que en consecuencia se conmuevan, indignen o diviertan”.

Para este punto el obseso ya conoce nuestros nombres, hemos pasado juntos tres mañanas y en todas ellas ha insistido en nuestras preguntas, en provocar el debate, en lanzar buscapiés —algunos con fortuna otros no tanto— para que su visita no se quedé en la mera anécdota y se lleve algo consigo, si lo obtuvo o no esa ya es historia suya, nosotros nos quedamos con todo lo otro, sus horas, su mirada detrás de las gafas de pasta negra, su agudos y sarcásticos comentarios, incluso su obsesión por el dato, y nos quedamos también con dos mamotretos de más de 700 hojas con muchos y variados ejemplos a los cuales hincarles el diente.

2 pensamientos sobre “Taller de perfiles (relatoria) JVC”

  1. Hola quisiera saber mas informacion sobre los dueños de la cerveceria,pues creo q uno de ellos es mi padre.

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