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Ernesto Aroche Aguilar

 

La pelea por la sucesión de la gubernatura poblana es cosa de familia, y tiene el olor de la continuidad.

Endogamia a la poblana: los dos candidatos en los que se centra la puja por el derecho a ocupar la oficina principal de Casa Aguayo son de origen priista, uno más rancio que el otro. El tercero en discordia, un ingeniero metido a candidato ciudadano bajo las siglas del PT, que poco tiene que hacer en esa lucha.

Y aunque Rafael Moreno Valle Rosas renunció al tricolor en el 2006 para buscar una curul en el Senado bajo las siglas del Partido Acción Nacional (PAN), luego de que le negaran la posibilidad de competir por la gubernatura, difícilmente podría negar que de familia le viene el ADN tricolor.

Su abuelo gobernó la entidad hace 40 años con el visto bueno del único poblano que ha ocupado la silla presidencial: Gustavo Díaz Ordaz. Además, sus primos y tíos financiaron la campaña de Mario Marín en el 2004 y forman parte del aparato de gobierno.

El otro, Javier López Zavala, no sólo compite vistiendo la camisa roja del priismo y es el favorito de Marín para sucederlo. Oriundo de Pijijiapan, Chiapas, el ex secretario de Desarrollo Social en la entidad creció al amparo del “góber precioso”, desde los tiempos que en que éste despachaba como subsecretario de Gobernación en el sexenio de Manuel Bartlett Díaz.

Pero Zavala, como se le conoce al candidato, no es la única carta de Marín para mantener el control político de la entidad, pues dejó en manos de Mario Monterro Serrano, heredero de uno de los monopolios mediáticos del estado e integrante del grupo más cercano al gobernador, la candidatura del PRI a la Presidencia municipal de la capital.

Un hombre que a pesar de la estructura de relaciones que construyó su padre, un periodista adicto al poder desde hace 30 años, como él mismo lo reconoce en sus memorias, y del trabajo operativo de su partido, arrastra un récord perdedor, primero como presidente estatal de su partido, luego como candidato al Senado.

Un asunto de familia

Endogamia: Actitud social de rechazo a la incorporación de miembros ajenos al propio grupo o institución. (Real Academia Española).

En 1940, al cierre de su periodo como gobernador del estado, Maximino Ávila Camacho creaba la comisión encargada del proceso electoral para elegir a su sucesor. El grupo estaba encabezado por quien habría de sucederlo: Gonzalo Bautista Castillo y lo integrarían un representante del sector popular: Carlos I. Betancour; otro del Congreso del estado: Fausto M. Ortega; un representante de los militares: Antonio Nava Castillo; uno más del sector agrario, Aarón Merino Fernández y el del sector laboral: Gustavo Díaz Ordaz.

Todos habrían de suceder al jefe de ese grupo, sólo uno de ellos llegaría a la Presidencia de la República dejando tras de sí muy mala memoria.

Cuando el poblano Gustavo Díaz Ordaz comenzó a armar su gabinete presidencial no dudó en llamar a Rafael Moreno Valle. Su paisano no sólo había seguido una ascendente trayectoria militar que lo llevó a obtener en 1952 el grado de General Brigadier y era un reconocido médico con especialidad en ortopedia, además había ocupado una curul en el Senado en 1958.

Pero fue la cercanía producto de la relación médico-paciente lo que inclinó el fiel de la balanza, Moreno Valle se encargaría de ocupar la Secretaría de Salubridad y Asistencia Social hasta el 8 de octubre de 1968, cuando haría maletas para regresar a su tierra natal: Díaz Ordaz lo había asignado para ocupar la habitación principal de Casa Puebla.

Pero esa habitación sería suya sólo por tres años, en 1972 Moreno Valle presenta su “renuncia por motivos de salud”, la efervescencia social con la que se encontró el ortopedista en el estado, pero sobre todo la política de Luis Echeverría de erradicar todo lo que oliera a diazordacismo lo obligaron a ello.

El general duró en el cargo tres años, dos meses y catorce días. Lo habría de sustituir Gonzalo Bautista O’Farrill, uno de los cachorros del cacicazgo avilacamachista.

 ***

 Cuenta la anécdota que Rafael Moreno Valle, el general, entregó unos billetes a Melquiades Morales Flores cuando este era su secretario auxiliar y buscaba la manera de obtener una candidatura de peso por su partido.

 –Tenga, si va a andar en esto (de la política) al menos cómprese unos trajes.

 Pero el empujón político fue más que los billetes y la ropa, Melquiades dejaría de ser el auxiliar del gobernador y diputado suplente para encaramarse en una curul del Congreso local, pero además hacerse de la coordinación del Congreso en ese año. Era 1972, y a Moreno Valle le quedaban un año más en el cargo antes de verse obligado a renunciar.

El ocaso de uno fue el despegue del otro, el hombre nacido en Ciudad Serdán había puesto un pie en la dirección correcta aunque tendría que esperar 27 años antes de ocupar la misma habitación del hombre que le dio el espaldarazo definitivo.

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Conciente de que la clase política local que lo acompañaría en su aventura de gobernar el estado no tenía ni de cerca una formación o un perfil tecnócrata como el que se había inaugurado formalmente en el PRI con Salinas de Gortari y continuó con Ernesto Zedillo, Melquiades volteó la mirada al nieto del general que le había dado el empujón final para crecer. Tenía que pagar el favor con favor.

Morales Flores buscó al junior, y el junior aceptó sentarse a conversar. Morales Flores, fiel a su estilo, bordeó senderos, plantó señales al recordar su historia con el médico que tuvo que dejar apresuradamente Casa Puebla antes de ir al grano y ofrecerle la Secretaría de Finanzas y Desarrollo Social. Dejando a su cargo la cartera y el reparto.

En las charlas de café todavía se dice con sorpresa: “Melquiades hizo lo que nadie con el nieto, le rogó, no fue una, sino varias las llamadas que le hizo a Moreno Valle insistiéndole, incluso le permitió como a ningún otro que fuera él quien escogiera al equipo de trabajo que lo acompañaría”, cuando la tradición política dicta que sea el mandatario quien dé el visto bueno de los subsecretarios, coordinadores y directores.

Moreno Valle, seductor, al fin aceptó a condición de que lo dejaran conformar su equipo de trabajo, y así fue, colocó en puestos estratégicos a otros jóvenes del mismo estilo, hijos de familias acomodadas de corte tecnócrata con estudios en el extranjero. El mismo grupo que hoy lo acompaña.

Y desde ahí comenzó a construir su candidatura. Corría el año de 1999.

Cinco años después, a principios de febrero de 2004, Melquiades citaba al nieto del general en Casa Puebla. Hacía meses que la competencia con Mario Marín Torres había arrancado llenando el estado de bardas pintadas con uno y otro nombre, amarrando pactos y acuerdos con la estructura, ese ente mitológico que engloba al priismo duro.

Días antes de la reunión Melquiades había conversado con Manuel Bartlett.

–El candidato es Marín –le dijo el tabasqueño que gobernó durante seis años a Puebla—, la gente está de su lado, las encuestas no mienten –le aseguró mostrándole las mismas encuestas que Marín le había enseñado previamente, cuando lo buscó para que intercediera por él ante Melquiades que no lo quería no recibir.

Bartlett condicionó su apoyo a Marín a cambio de que tres personas cercanas al grupo marinista no ingresaran al gabinete: Adolfo Karam, el policía del marinismo que al finalizar el trienio durante el cual administraron la capital del estado fue acusado de permitir el crecimiento del narcomenudeo en la ciudad. Javier García Ramírez, el hombre encargado de tejer las relaciones con el sector de la construcción y a quien en los corrillos gubernamentales se le conoce como “el 20 por ciento” (presuntamente el diezmo exigido para la entrega de obra pública). Y Alejandro Fernández, quien durante el affaire Cacho-Marín fue acusado de espiar a los grupos que encabezaban el repudio al gobernador por su intervención en la encarcelación de la periodista. El acuerdo no fue cumplido. 

En esa reunión Bartlett planteó un segundo escenario a Melquiades, si apostaba por el nieto de su benefactor Elba Esther Gordillo sería el verdadero poder tras el trono dada la cercanía que se había fraguado entre Moreno Valle y la líder del magisterio durante el paso de los dos por la Cámara de Diputados.

 ***

–No es tu tiempo, Rafael –le espetó Melquiades a su ahijado político. Al hombre al que entregó la Secretaría de Finanzas y de Desarrollo Social, al que hizo volver de los Estados Unidos en donde trabajaba en una de las dos reuniones que sostuvieron entonces—. Tenemos que dejar pasar a Mario. Tienes seis años más para fortalecerte, para terminar de construir tu propia estructura desde el senado.

Moreno Valle lo contó así hace un par de años en una entrevista que ofreció al diario poblano El Columnista:

“El gobernador Melquíades Morales habló conmigo y me pidió que no participara. Finalmente él me dio la oportunidad y me pidió que nos sumáramos con Mario Marín. Yo entiendo que había circunstancias nacionales como Roberto Madrazo, en su momento, que no me veía con buenos ojos porque yo estuve apostado por Beatriz Paredes (en la contienda por la Presidencia del PRI) y estuve, y estoy, muy cerca de la maestra Elba Esther Gordillo (…). Yo entendía que así eran las reglas del juego en el PRI. Obviamente no estaba satisfecho. Yo pedí una consulta a la base, pero finalmente yo le debía lealtad a Melquíades Morales, le debía agradecimiento, porque finalmente él me había dado la oportunidad de venir a Puebla y yo era parte de su equipo político”.

Y continúa: “Lo entendimos y llegamos a una serie de acuerdos para seguir construyendo mi carrera política. Lo aceptamos en ese sentido. Nos sumamos. Entré como presidente de la Fundación Colosio. Posteriormente como líder del Congreso. Después ya no se cumplieron (sic) una serie de cuestiones que se habían platicado. Creo que los que hacen acuerdos en política saben abiertamente a qué se comprometen, qué cumplen y qué no cumplen”.

Y es que en esa reunión Melquiades le prometió su llegada al Senado, era unas de las condiciones que había pactado con Marín para dejarlo pasar.

Pero Marín tampoco cumplió.

 ***

A principios de 2006 la secretaria de Desarrollo Social, Ana Teresa Aranda, recibía una llamada en su oficina.

–Tengo noticias que no te van a gustar nada –le decía del otro lado de la línea Carlos Abascal, entonces secretario de Gobernación del foxismo— le entregaron la candidatura a Moreno Valle.

El golpe fue directo a las entrañas de la funcionaria. Ángel Alonso Díaz Caneja, el panista que había logrado en votación interna la candidatura, claudicó. Entregó el espacio para el nieto del gobernador a cambio de una plurinominal.

La sugerencia fue sólo una:

–No tengo que recordarte que debes mantenerte en la línea de la institucionalidad. No puedes como funcionaria salir en este momento a criticar las decisiones del partido.

 Y la funcionaria calló.

 ***

El ingreso de Moreno Valle a las filas del partido blanquiazul fue producto de dos factores: Mario Marín y Elba Ester Gordillo.

Columnistas locales lo contaron: en un viaje al DF, Enrique Doger Guerrero, entonces presidente municipal de Puebla, le preguntó a Marín por la candidatura al Senado que Melquiades había pactado para Moreno Valle: ¿Candidatura, cuál candidatura?

Y no hubo candidatura al Senado para Moreno Valle, que para entonces ocupaba una curul en el Congreso local y presidía, de membrete, a la bancada de su partido.

Mario Montero Serrano, el hombre que metió de lleno a Marín al aparato burocrático, el que le ofreció su red de contactos creada al amparo del poder de su padre, uno de los periodistas adictos al poder, fue lanzado a competir por una de las dos posiciones que tiene Puebla en el Senado, llevaba como compañero de fórmula al ya para entonces ex gobernador Melquiades Morales.

El otro lado de la pinza se cerró cuando Elba Esther negoció directamente con Felipe Calderón la candidatura de Moreno Valle para que peleara con las siglas del PAN la curul en el Senado.

Aunque Moreno Valle siempre lo ha negado, fuentes panistas sostienen que la dirigente magisterial operó directamente el ingreso del priísta a las filas del partido albiceleste. Aunque también intervino la poblana Josefina Vázquez Mota y panistas de cuño y abolengo, como el mismo Francisco Fraile.

El nieto del general tuvo incluso que reunirse con el panista que habría de presumirse como “el presidente del empleo”.

¿Y Elba Esther?: “No. Simplemente ella, como una amiga, como una compañera de lucha, me planteó el apoyo y le agradezco y le reconozco el apoyo en momentos complicados.”

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Los dos rafaeles no son los únicos Moreno Valle insertos en los círculos priístas. En el listado de los empresarios que financiaron a Mario Marín se lee el nombre de Rafael Moreno Valle Buitrón. El empresario además fungió como coordinador de enlace empresarial en la campaña de Marín.

Con el arranque del sexenio, Moreno Valle Buitrón se integraría al gabinete marinista como director, primero, del Fideicomiso Paseo de San Francisco y, más tarde, del Fideicomiso de la Reserva Atlixcáyotl, el que maneja el negocio inmobiliario de más alta plusvalía de todo el estado.

Y desde el 2007 es vicepresidente de la promotora de Beisbol Pericos de Puebla, otro de los activos de la familia Moreno Valle. Otro de los vicepresidentes del organismo es Antonio Moreno Valle Abdala, quien se integró al comité de financiamiento de Mario Montero, candidato a la alcaldía de Puebla por el tricolor.

Mientras que el presidente del club es Rafael Moreno Valle Sánchez. La relación con el PRI y Moreno Valle Sánchez es innegable, no sólo le cedieron en el 2003 el estadio Hermanos Serdán, casa de la novena verde, por 20 años a cambio de una contraprestación mínima: mantener en buen estado el inmueble; además, su esposa Olivia Salomón participa en el comité de financiamiento de la campaña de Javier López Zavala, el delfín del gobernador priista.

  

La continuidad en el vergel

De acuerdo con Wikipedia, disgenesia es un término opuesto a la eugenesia, y es utilizado por algunos científicos actuales para caracterizar la selección de variables genéticas negativas. La disgenesia se utiliza para indicar una reducción en la presión de la selección natural en el hombre actual.

En su visita más reciente a este “vergel de caciques”, tan parecido a esos otros vergeles, con sus millones de pobres, sus zonas que eufemísticamente llaman marginadas para no deletrear con todas sus letras la palabra p-a-u-p-é-r-r-i-m-a-s, y sus tradiciones clientelares, Sergio Aguayo apenas se dio tiempo para contestar dos o tres preguntas, pasó más de un hora exponiendo las razones del descontento generalizado con la alternancia política, desmenuzando el entorno político de los últimos diez años y el fortalecimiento de los cacicazgos regionales en detrimento del presidencialismo.

“La opinión que se tiene de Puebla desde fuera es que es uno de los sitios en donde han sobrevivido los cacicazgos mejor, pareciera ser un vergel de caciques, si esto va a cambiar en la elección es unas de las cosas que hace atractivo el proceso, no lo sé”.

El académico no se equivoca, el cacique local se prepara para la continuación de su mandato a través de sus herederos, el fin del gobierno de Mario Marín apunta a la perpetuación de un grupo político que tuvo su génesis en las aulas de la universidad pública, se apuntaló a través del poder mediático y hoy se aprovecha de la estructura de gobierno para mantenerse inamovible en su sitio.

Y para ello no basta la estructura partidista del PRI, pues a decir del actual titular de la Secretaría de Gobernación, Valentín Meneses Rojas, no menos de 21 funcionarios de primero y segundo nivel, desde delegados de la Secretaría de Desarrollo Social en el estado (Sedeso) hasta ex jefes de la policía judicial, se han integrado de lleno a la campaña.

Y para muestra un botón del lado de la coalición ambidiestra, pues sumó izquierdas y derecha, hay acusaciones por robo de mantas y publicidad de la oposición en la que se señala a personal operativo del ayuntamiento capitalino, gobernado actualmente por el partido tricolor.

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 “El gobernador Bartlett me pidió visitarlos en el palacio de gobierno. Me adelanté a preguntarle quiénes serían los personajes del enroque inminente en su gabinete.

“–A mi no me gustan los enroques –respondió Bartlett— Quiero su opinión. ¿Cómo vería a Mario Marín como secretario de Gobernación?

 “(…) Salí del palacio y me fui caminando a los portales. Tomé asiento en el Royalty, desde donde llamé a Marín, pidiéndole que se escapara unos minutos de su oficina.

“Llegó rápido como pudo. Entonces le dije:

 “–Quiero ser el primero en felicitar al próximo secretario de Gobernación. Me lo dijo el gobernador. Consérvalo en secreto. Con nadie compartas la gran noticia, ya sabes como es esto”.

 La anécdota la cuenta en sus memorias Enrique Montero Ponce, decano del periodismo oficial en Puebla. La cercanía que el periodista refleja en sus letras no es gratuita, conoció a Marín cuando Mario Montero Serrano, su hijo, ingresó a la escuela de Derecho de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP).

Montero Serrano, el “niño rico”, nació priista y con la red de contactos puesta sobre la mesa. Llegó a la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP), tras pasar por el Colegio Americano, una de las escuelas de la élite local, para sumar los conocimientos técnicos, el resto lo traía heredado junto con el apellido.Ahí, en el salón B de su generación conoció a Mario Marín, y ahí habrían de fraguar el núcleo duro de su grupo político, eran los días en que Montero era el líder natural y el encargado de abrirles la puerta a sus amigos para que ingresaran a los pasillos del poder.

El “niño pobre”, el hombre que había tenido que dejar las calles de Nativitas, un pequeño pueblo de la Mixteca poblana, unió su destino político al del hijo del periodista, gracias a la automática selección alfabética.

Esa misma arbitrariedad puso ahí a Valentín Meneses, el tlaxcalteca que años después tendría sobre sus hombros la responsabilidad de apagar el fuego mediático del Maringate; aunque sobra decir que no lo logró:

“En aquel momento en Tlaxcala sólo teníamos dos opciones: la UNAM o el Poli, pero un tío que acaba de estudiar en Puebla me sugirió la UAP. Tlaxcala siempre ha estado más cerca de Puebla. Al gobernador lo conocí porque en ese entonces nos ubican por apellido en los salones, en el A iban del Álvarez en adelante. En el B estábamos los que empezábamos con eme: Marín, Montero y Meneses”.

Javier López Zavala llegó algunos años después, se incrustó en el equipo cuando Marín despachaba como subsecretario del área política de la Secretaría de Gobernación y se volvió indispensable, justo lo necesario para obtener su membresía.

Ese es básicamente el grupo, fortalecido luego de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) exonerara de facto a Marín de confabular para violar las garantías individuales de la periodista Lydia Cacho, que se prepara para emular a los avilacamachistas, afianzados y auxiliados por la estructura gubernamental

Y no dejan una pinza sin cerrar en el proceso electoral que concluirá el 4 de julio próximo: López Zavala, ex secretario de Desarrollo Social y ex secretario de Gobernación fue impuesto como candidato del tricolor en la sucesión por la gubernatura. Y a Mario Montero le corresponde la tan esquiva presidencia municipal de Puebla.

En ese periplo los acompañan candidatos a alcaldes y a diputados locales que perpetúan otros cacicazgos menores (ver recuadro), y un partido que se infló mediáticamente en la elección pasada y que presume de ser Verde y que es dirigido por un joven priista ligado a Manlio Fabio Beltrones.

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Javier López Zavala llegó a Puebla, procedente de Pijijiapan Chiapas. Igual que su protector político estudió la carrera de Derecho en la UAP. En 1992 logró colarse como asesor en la subsecretaría de Gobernación estatal, entonces a cargo de Mario Marín, empleo que a la postre le permitiría escalar posiciones en la administración pública.

Los años pasaron. Marín creció en el gobierno de Bartlett como pocos. De subsecretario pasó a secretario de Gobernación. Más tarde, en plena guerra electoral de Bartlett con el PAN y los consejeros del IFE, llegó a la dirigencia del PRI estatal y de ahí pasó a convertirse en candidato a la alcaldía.

“Ahí fue –explica Valentín Meneses Rojas—, cuando a todos nos quedó claro que Marín podría ser gobernador y que nada lo iba a detener en ese camino”.

Y sí, nada lo detuvo, llegó a la alcaldía de la capital poblana y se fue dejándola en manos del panista Luis Paredes; tres años después se hizo de la gubernatura, y con él llegaron todos: López Zavala, Meneses Rojas y Montero Serrano. La burbuja marinista en pleno.

Ya como gobernador, Marín comenzó a construir el camino para que Zavala lo sucediera colocándolo en los puestos claves: lo hizo secretario de Gobernación en sus primeros tres años de gobierno. En 2007 lo incluyó en la lista de candidatos plurinominales con la idea de que llegara a dirigir la bancada tricolor en el Congreso local.

Era el año siguiente al Maringate y nadie esperaba que el PRI pudiera arrasar como lo hizo, pero al ganar 35 de las 36 curules en juego, el delfín marinista quedó fuera del palacio legislativo.

Cerrado el camino político para apuntalar la carrera, Marín lo metió a operar la Secretaría de Desarrollo Social, entonces los millones para la beneficencia social.

Así, en los dos últimos años Zavala apuntaló el apellido y la imagen entregando “pisos dignos” y repartiendo obra pública a diestra y siniestra, lo mismo a grupos vecinales que a evangélicos y católicos, pero también construyendo con el aval de Marín su estructura político-electoral. No es gratuito que los líderes de las bancadas priístas en el palacio legislativo local y en San Lázaro provengan de sus huestes y que varios candidatos a diputados locales hayan sido delegados de Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) cuando encabezaba la dependencia estatal.

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Fue Mario Montero Serrano quien acercó a su grupo a Guillermo Pacheco Pulido, el priista poblano que lo fue todo menos gobernador; él, Montero, tenía las relaciones.

“Conformamos un equipo político cuyo represente era en ese entonces Mario Montero porque era originario de Puebla y a través de su papá tenía excelentes relaciones, gracias a él ya se llevaba con gente del medio”, cuenta en una entrevista Valentín Meneses.

Aunque ese liderazgo no duró mucho tiempo. Marín se fortaleció con Pacheco Pulido operando como su secretario particular. Montero siguió adelante con su proyecto personal y tomó el avión que lo habría de poner en las calles de Nueva York, en donde pasaría un par de años estudiando una maestría.

A su regreso dos cosas lo esperaban: una patente de notario público –el sello de familia, su hermana también presume una— y la noticia de que había perdido el liderazgo del grupo a manos del originario de Nativitas quien ya se había incrustado cómodamente en las esferas del poder.

La nueva posición de segundón del heredero del imperio mediático no fracturó al grupo que se había metido en un compás de espera, tiempo en el que se tejieron relaciones y se amarraron acuerdos que más tarde los habría de llevar al palacio municipal.

Con el triunfo de Marín en las elecciones de 1998 el grupo se aupó sobre la silla presidencial. Montero fue nombrado el secretario general del ayuntamiento capitalino. Valentín Meneses habría de ocuparse primero de la relación con los medios de comunicación y más tarde del DIF municipal. Zavala, siempre bajo el ala de Marín, se ocupó de llevarle los asuntos como su secretario particular.

Con el fin del trienio marinista Montero fue enviado al Congreso del Estado, después vendría la fallida candidatura al Senado, luego la presidencia estatal del PRI, en donde también entregó malas cuentas pues se perdieron casi todas las curules federales a manos de los panistas, y más tarde, en la segunda mitad del sexenio marinista, la Secretaría de Gobernación.

Y, finalmente, la candidatura a la presidencia municipal, candidatura que ya se le había escapado en dos ocasiones según lo cuenta:

“Hace ocho años busqué ser candidato a la presidencia municipal pero el partido decidió por otro candidato que, finalmente, perdió la elección. Hace cinco años nuevamente volví a buscar la candidatura. Mario Marín había obtenido la candidatura al Gobierno del Estado y formamos parte de un mismo grupo político y el partido buscó la unidad y en esa unidad nuevamente me pidieron que yo aceptara la participación de otro compañero, que fue el caso de Enrique Doger. Es decir, ha sido en dos ocasiones en las que yo he mostrado disciplina, he demostrado institucionalidad, he mostrado respeto a las decisiones del partido y bueno, pues como dicen por ahí, la tercera es la vencida”.

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En la apuesta de Marín no hay fisuras, pero tampoco medias tintas. El aparato burocrático está incluido en la estructura de operación, al menos 25 funcionarios públicos de primero y segundo nivel se han integrado a la campaña, entre ellos el vocero estatal, el hombre que llegó a tranquilizar las aguas mediáticas y las olas que provocó el tsunami del 14 de febrero de 2006.

Javier Sánchez Galicia, el encargado de depurar el padrón de medios eliminando una buena cantidad de pequeñas publicaciones para inyectarle el presupuesto estatal a las dos televisoras locales y a la radio nacional durante el affaire Cacho-Marín, dejó la comodidad de su oficina para integrarse al equipo que construye la imagen del chiapaneco.

Al titular del organismo de Carreteras de Cuota del estado y ex secretario de Comunicaciones y Transportes, Rómulo Arredondo Contreras, también se le dejó a cargo una tarea electoral, servir de eje de articulación con el municipio de Tehuacán.

Y no son los únicos, de acuerdo con un diario local en el equipo de campaña también están operando diez de los 26 coordinadores distritales de la Sedeso, otros cuatro operadores provienen de la Secretaría de Gobernación y otros dos de la Secretaría de Desarrollo Rural.

A la campaña zavalista también está integrada la diputada local Erica Suck, mientras que el diputado Pablo Fernández del Campo –impulsor de la reforma que criminaliza la posibilidad de las mujeres a decidir sobre su cuerpo— es el coordinador de la campaña monterista, y junto a él trabajan las legisladoras Bárbara Ganime y Malinalli García y el legislador federal Leobardo Soto Martínez.

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La continuidad que encarna Zavala es clara hasta entre el empresariado que formalmente acompaña la candidatura del priista en su camino a Casa Puebla, varios de ellos acompañaron y financiaron la campaña de Marín en el 2004 y ahora apuntalan a su sucesor pero también al junior periodístico.

En los listados los nombres y apellidos se repiten y se duplican, y en algunos casos se incluyen a padres, hijos o hermanos, ejemplo de ello es la familia Suárez, dueña de la empacadora de chiles San Marcos.

Alfredo Suárez Sevilla, el padre financió la campaña de Marín en el 2004 y repite con Zavala; el hijo Alfredo Suárez González coordina el comité económico de Mario Montero.

Y lo mismo pasa con la familia Kuri, dueños del grupo Apolo Textil responsables de la marca Baby Mink, y la familia Cue, quien controla los autobuses Estrella Roja. El esquema en esos casos se repite, los padres financiaron a Marín y ahora lo hacen con Zavala, los hijos son parte del comité de Montero.

 Lo dicho, la elección en Puebla es cosa de familia y huele a continuidad.

Las fuentes:

La simulación, el mito detrás del candidato”, Álvaro Ramírez, Revista Contralinea Puebla, año 1 número 2.

Puebla de los demonios, Humberto Sotelo Mendoza

Toda una vida… a mi manera, Enrique Montero Ponce

Entrevistas a los personajes que se cita y a otros que pidieron no ser nombrados

 

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La batalla de las familias, los juniors y los transfugas

Alianza Puebla Avanza

CANDIDATOS A DIPUTADOS

Víctor Manuel Carreto.- Hijo del líder electricista, ex diputado federal del mismo nombre. Fue representante del Gobierno del estado en Madrid y suplente de la diputada federal Blanca Jiménez.

Xitlalic Ceja.- Autonombrada “comadre” de Javier López Zavala, y esposa del Subsecretario de la Secretaría de Comunicaciones y Transporte, Lázaro Jiménez Aquino, a quien se le acusó en días pasados de estar obligando a los permisionarios del transporte público a retirar la propaganda de la coalición opositora.

Silvia Argüello.- La actual candidata del Partido Verde pasó antes por el Partido Nueva Alianza y por el Partido Revolucionario Institucional. Su candidatura en la alianza es una posición de Mario Marín junior.

Edgar Chumacero Hernández.- Ex titular del deporte en el municipio y novio de la hija de la presidenta municipal de Puebla.

Mónica Barrientos Sánchez.- La ex secretaria técnica del ayuntamiento poblano es hija del ex presidente estatal del partido tricolor, ex diputado local y ex director del Colegio de Bachilleres, Carlos Barrientos de la Rosa, y sobrina del actual contralor del estado, Víctor Manuel Sánchez Ruiz.

David Huerta Ruiz.- Hermano del presidente municipal de Tepeaca, Martín de Jesús Huerta Ruiz. Versiones periodísticas aseguran que dentro de la nómina de ese ayuntamiento hay desde primos hasta tías y cuñados. Antes de su nominación se ocupaba de la delegación de la Sedeso en ese municipio.

Eleoferme Palacios Reyes.- Hasta hace unos días delegado de la Sedeso en Ajalpan (Sedeso) y candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la diputación local, fue señalado de cometer irregularidades y beneficiar desde su cargo a su propia esposa.

Félix Alejo Domínguez.- Presidente de Tehuacán con permiso, dejó como interino al empresario textilero Luis Cobo Fernández, primo del secretario de Finanzas del estado, Gerardo María Pérez Salazar y ex candidato a diputado federal en el 2006 y a decir de columnistas de la región, el verdadero poder tras el trono.

Sus hermanos, los ex diputados Hugo y Cupertino Alejo Domínguez, no sólo son hombres muy cercanos a Elba Esther y ex líderes magisteriales, Hugo busca repetir en el cargo como candidato por la coalición opositora en el municipio de Zacapoaxtla.

Lauro Sánchez.- Ex jefe de asesores del gobierno del estado, ex director de Issste y ex candidato a diputado federal por Zacatlán. Ésta es la segunda vez que Marín lo manda a buscar un puesto de elección popular.

CANDIDATOS A PRESIDENTES MUNICIPALES

San Pedro Cholula: Geudiel Jiménez Flores.- Llegó propuesto por el PVEM y es hijo del ex presidente del Tribunal Superior de Justicia de Puebla, Geudiel Jiménez Covarrubias, y primo del diputado federal y ex presidente municipal de esa demarcación, Juan Pablo Jiménez Concha. El Jiménez es un apellido de peso en la región.

Gregorio Atzompa: Enrique Camarillo.- Nieto del cacique de la región de Atlixco, Eleazar Camarillo Ochoa, quien a su vez heredó el coto de poder de Antonio J. Hernández, otrora líder de la CROM. El nieto fue impuesto como candidato generando el descontento de los priistas locales.

Tehuacán: Marco Antonio Balseca Romero.- Este empresario refresquero con problemas financieros es hijo de Marco Antonio Balseca Chávez, presidente municipal de Tehuacán de 1981 a 1984 y nieto de Mario Andrade Balseca, quien entre los años 50 y 60 fue considerado uno de los principales políticos de Tehuacán.

Huauchinango: Gregorio Marroquín.- Sobrino de la exdiputada local panista Gloria Marroquín Santo, le ganó la candidatura a Omar Martínez Amador, sobrino del ex diputado federal priista Alberto Amador Leal y hermano del diputado local Carlos Martínez Amador.

Coronango: Avelino Toxqui Toxqui.- Llegó al poder legislativo en enero de 2008, tras dejar “a medias” su gestión como presidente municipal. 2 años y 3 meses ocupó la curul antes de solicitar licencia para buscar nuevamente la alcaldía de su municipio.

Xicotepec: Carlos Barragán Amador.- Polémico tras su paso por el Congreso del estado por ocupar con su camioneta de lujo los espacios destinados a discapacitados y por ser uno de los legisladores más faltistas en la actual legislatura, Barragán Amador busca ocupar por segunda vez la alcaldía de su pueblo natal.

 

Coalición Compromiso por Puebla

CANDIDATOS A DIPUTADOS

Puebla

Mario Riestra Piña.- Hijo del secretario de Desarrollo Económico en el gobierno de Manuel Bartlett, Mario Riestra Venegas.

 Tony Gali.- Hijo del actual delegado en Puebla del Sistema de Administración Tributaria.

Acatlán

Enrique Nácer Hernández.- exdiputado local priista y ex funcionario del ayuntamiento capitalino.

Cholula

Julio Lorenzini.- priista y ex funcionario de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, a decir de columnistas, protegido de Valentín Meneses Rojas.

Texmelucan

Iván Peñaloza.- Hijo del actual presidente de ese municipio, Noé Peñaloza.

Xicotepec

José Esquitín Lastiri.- ex diputado y ex presidente municipal por el PRI 

Ciudad Serdán

Jorge Garcilazo.- expresidente municipal de Tlachichuca por el PRI

Tepexi

Edmundo Valois.- expresidente municipal priista de Tepexi

CANDIDATOS A PRESIDENTES MUNICIPALES

Huauchinango: Omar Martínez Amador.- Sobrino del ex diputado federal priista Alberto Amador Leal y actual dirigente en el estado de la CNOP y hermano del diputado local priista Carlos Martínez Amador.

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