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La sobreoferta de transporte público es sobre todo un problema político: Montezuma

Tomada del diario Cambio de ColombiaErnesto Aroche Aguilar

El replanteamiento de la ciudad debe de hacerse desde la visión de ganar espacios para la ciudadanía antes de seguir privilegiando el uso del automóvil, llevando como eje vertebral un sistema de transporte público eficiente, esa fue la idea que dejó tras su paso por Puebla el urbanista colombiano Ricardo Montezuma.

Durante su participación en el foro “Movilidad y Ciudad en el Siglo XXI: Retos y Oportunidades” que se llevó a cabo en la Universidad Iberoamericana, el especialista explicó que las experiencias que han dejado ciudades como la brasileña Curitibia, la colombiana Bogotá e incluso Nuevo León, apuntan en esa dirección.

Explicó que pensar en este momento en segundos pisos para las vialidades o en ensanchar las ya existentes es caminar en sentido contrario a las necesidades actuales de economizar en el consumo de combustibles fósiles.

“Las ciudades innovadoras están enfrentando el problema de la movilidad trabajando en mejorar los sistemas de transporte público, sin importar si se decide por autobuses, metrobuses, trenes o incluso tranvías,  y desincentivar el uso de los automóviles, ganando espacio peatonales transformados en espacios públicos”, puntualizó.

Ejemplo de ello, dijo, es la restricción que existe en Londres para el ingreso de vehículos al centro de la ciudad, “hay un que pagar un peaje de 8 libras –140 pesos +/-— por circular ahí, y lo que se recauda se invierte en el sistema de transporte público”.

Un sistema de transporte adecuado y funcional, explicó, se vuelve incluso un elemento de equidad social, porque quienes lo utilizan para llegar desde las periferias o las colonias alejadas pagan lo mismo por los traslados que quienes los usan para distancias cortas.

En conclusión para Montezuma la única respuesta para lograr un sistema de movilidad que realmente atienda a la problemática urbana y social es que la ciudadanía se involucre en la toma de decisiones sobre el tema, antes que dejar que sigan siendo manejado en su totalidad por los políticos profesionales.

La entrevista

Reportero (R): Señalaste varios aspectos a mejorar para Puebla en tu ponencia, ¿podrías puntualizar esto?

Ricardo Montezuma (RM): Puebla necesita repensarse desde una visión más amplia y más contemporánea, me de la impresión de que mucho de lo que pasa en infraestructura desde la periferia al centro es una visión de la ciudad desde una perspectiva muy clásica de movimiento moderno, muy de vamos a hacer segundos pisos y grandes distribuidores viales, muchas vías rápidas con seis siete calzadas. Yo creo que hay que repensar Puebla desde un ángulo de sustentabilidad, si se le sigue pensando desde la infraestructura el futuro no es muy prometedor, es todo lo contrario.

Se está construyendo, desde mi óptica, un tipo de ciudad que no es la mejor para todos, incluso que puede tener costos muy altos para todos los ciudadanos

R: Platicando con gente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, los responsables de la regulación del transporte urbano, ellos hablaban de que salen a las calles todos los días 5 mil 700 unidades de autotransporte cuando tienen estudios que bastarían mil 800 para atender las necesidades de traslados de la ciudadanía, pero no se aplica la reducción necesaria.

RM: No, eso sucede en muchísimas ciudades de América Latina. Hay sobreoferta de transporte público y es esencialmente por un problema político, que se han entregado demasiadas licencias (concesiones) y muy difícilmente retroceden estos actores políticos, se requiere un cambio muy fuerte de liderazgo de mentalidad de los actores políticos para que se pueda tomar el transporte, se reorganice, se mejore y se elimine la sobreoferta. El problema de esta no es que haya dos mil o tres mil buses de más, el problema estructural, el más grave y el más inquietante es que los más pobres, los que toman el autobús están pagando la ineficiencia de tener muchos más buses de los que se requieren a costos muchas veces mucho más altos del servicio que proporcionan.

R: Mencionabas que en el caso de Bogota la llegada del alcalde como un elemento que transformó la ciudad, ¿hasta que punto en esa experiencia la ciudadanía tuvo un papel preponderante más allá del actor político que impulsó la transformación?

RM: En primer punto los gobernantes en Colombia y en cualquier parte del mundo no se eligen solos, ni son nombrados por el presidente, los eligen los ciudadanos; entonces, primero hubo un gran cambio en la mentalidad de los ciudadanos que aceptaron un candidato a un líder académico que no era político, y luego aceptaron los retos que este hombre impuso que fueron muchísimos y descomunales; y lo más interesante de esto, aunque la ciudad ha perdido parte de ese dinamismo, esa innovación y recuperación, es que los ciudadanos exigen que se mejore y hagan cambios; aparecieron muchos grupos (sociales), y sobre todo, algo muy valioso para Bogotá, es que los empresarios y los medios de comunicación de una manera mucho más responsable se han preocupado por el destino de la ciudad.

Es decir, no sólo los grupos ciudadanos tuvieron su parte, también los grupos empresariales, económicos hoy en día están absolutamente involucrados desde la sociedad civil en el futuro de la ciudad. Por ejemplo, la Cámara de Comercio de Bogotá invierte muchísimo dinero en hacer el seguimiento y monitoreo a la ciudad, porque su meta es que Bogotá entre al grupo de las cinco ciudades más competitivas de América, hace 15 años estábamos en el puesto 17, ahora estamos en el puesto 16. En 15 años hemos avanzado varios puestos y estamos ya apunto de lograr esa meta. Entonces, los múltiples actores de la sociedad civil desde los más humildes ciudadanos desde sus colonias, los universitarios, la academia, los empresarios tienen que involucrarse en las decisiones de la ciudad, desde la elección de los actores hasta los procesos en donde la participación ciudadana es necesaria.

El problema de esta no es que haya dos mil o tres mil buses de más, el problema estructural, el más grave y el más inquietante es que los más pobres, los que toman el autobús están pagando la ineficiencia de tener muchos más buses

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