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* Sólo una vez, desde hace 18 años, le funcionó coaligarse

Ernesto Aroche Aguilar

Las alianzas políticas entre el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) no son inéditas, ni sinónimo per se de triunfo electoral, por el contrario, desde 1991 a la fecha sólo se conoce un caso en el que la unión de estos dos institutos políticos de encontradas posiciones ideológicas sumados al Partido del Trabajo (PT) y al Verde Ecologista (PVEM) lograron un triunfo, cuando en conjunto llevaron a Pablo Salazar Mendiguchía a la gubernatura de Chiapas.

Seis años después, Acción Nacional daría una voltereta al declinar a favor del candidato priísta en ese estado, José Antonio Aguilar Bodegas, con el argumento de que se operaba una elección de estado desde la administración de Mendiguchía a favor del ex priísta, pero abanderado perredista, Juan José Sabines.

La demoscopista y directora de la empresa encuestadora Demotecnia, María de las Heras, señala en un artículo reciente que coaligar partidos tan divergentes políticamente con el pretexto de “sacar al PRI”, ya no convence a sus correligionarios.

“Si bien es cierto que hace algunos años la posibilidad de ganarle al PRI era suficiente justificación para que los seguidores de PAN y PRD aceptaran votar por una alianza, todo parece indicar que hoy no es razón suficiente, que la mayoría no le ve sentido a votar por un candidato que presentan en común dos partidos tan divergentes en su ideología y formas de gobernar, y que aún entre aquellos que siguen pensando que ganarle al PRI es suficiente justificación para una alianza, hoy queda la duda de si la unión de los opositores no deviene al final en una ventaja para el PRI que a decir de muchos, es el que se beneficia con este tipo de engendros electorales”.

Una historia de fracasos

La historia de las alianzas y los acuerdos de Acción Nacional con la izquierda es una historia de tropiezos y derrotas. Nacido de los rescoldos del Partido Comunista Mexicano (PCM), en mayo de 1989 el PRD recibió su registro como partido político a pesar de la negativa de la derecha encarnada en Acción Nacional y algunos ataques “virulentos” del entonces partido oficial, el PRI, como se puede leer en la historia que se ofrece en el sitio web de los perredistas.

A pesar de ello, sólo tuvieron que pasar dos años para que el PAN y el PRD se acercaran lo suficiente para impulsar una candidatura en común, el potosino Salvador Nava conjuntó a su alrededor a panistas, perredistas y militantes del extinto Partido Demócrata Mexicano; el triunfo fue adjudicado al priísta Fausto Zapata, quién llegó al poder acusado de fraude y no concluyó su periodo.

Un año después los opuestos ideológicos volvieron a conjuntarse en torno al tamaulipeco Jorge Cárdenas sólo para ser aplastados por el priísta de no grata memoria, Manuel Cavazos Lerma.

Tuvieron que pasar siete años más para que la izquierda y la derecha política volvieran a conjuntarse en torno a un proyecto político ubicado en Coahuila. En 1999 los dirigentes estatales del PT y el PVEM, además del PAN y el PRD dieron inicio a una serie de pláticas que habrían de concluir con la realización de una encuesta encargada a la Fundación Rosenblueht y a la empresa G-Mark, ahí se definió que el panista Juan Antonio García Villa sería impulsado por los cuatro partidos de oposición. Nada lograron, Enrique Martínez Martínez se impondría como triunfador en esos comicios.

Al año siguiente, y como parte del impulso que trajo consigo el fenómeno Fox, el PAN sumó fuerzas con el PRD, el PT y el Verde para llevar al chiapaneco Pablo Salazar Mediguchía a la gubernatura de ese estado, como ya se apuntó, seis años después el PAN conjuntó fuerzas con el priísmo local para ofrecer resistencia.

Versiones periodísticas sostienen que la alianza se produjo luego de una negociación interna en el PAN en la que participaron el candidato triunfante en la elección presidencial, Felipe Calderón Hinojosa, el entonces dirigente nacional Manuel Espino, y el candidato Rojas Toledo.

Colima también vio a los dos partidos opuestos conjuntarse en torno a un solo personaje. En aquella ocasión el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) panista aprobó una coalición con el perredismo en los comicios extraordinarios de ese estado en donde se elegiría gobernador para el periodo 2004-2009, la coalición abanderó a Antonio Morales de la Peña, pero fue el priísta Arnoldo Ochoa González quien se llevó el triunfo en las elecciones extraordinarias. Dos años después (2005) los mismos partidos apoyaron a Leoncio Morán Sánchez, sólo para volver a perder ante el priísta Jesús Silverio Cavazos, por cuatro puntos porcentuales.

El chihuahuense Javier Corral Jurado volvería a juntar a los antagónicos, sumados a Convergencia, para enfrentar la unión del PRI, del Verde Ecologista y del PT en torno a José Reyes Baeza. El priísta se quedó con la gubernatura en ese estado del norte del país y Corral tuvo que regresar a su curul.

2005 fue el último año en que de manera formal el PAN se acercó en coalición a un partido de izquierda, en esa ocasión fue con Convergencia para impulsar a Rubén Mendoza Ayala en el Estado de México, pero fue en vano, el PRI de la mano de Enrique Peña Nieto barrieron lo mismo a los panistas coaligados que a la candidata del PRD, Yeidckol Polevnsky.

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