Etiquetas

, , , , , , , ,

Ernesto Aroche Aguilar

Villa Lázaro Cárdenas.- A las diez de la mañana de un día cualquiera entre semana es ya factible quitarse la sed que un sol nada piadoso provoca en esa húmeda región; cualquiera de las cantinas del pueblo, que no son pocas, ofrecen no sólo el refresco amargo de la cebada, sino también la compañía femenina pagada por hora e incluso, en algunos lugares específicos, polvo blanco para hacer más llevaderas las horas muertas y la ingesta de alcohol.

No hace falta demasiado para encontrar el paquete completo más que andar unos cuantos pasos desde las terminales de autobuses, instaladas a orilla de carretera, y sortear las decenas de comerciantes ambulantes ubicados también a la vera del camino, para que la música de banda, a ratos festiva a ratos demasiado triste, indique el camino a seguir.

Claro, la entrada a La Uno, como se conoce coloquialmente a Villa Lázaro Cárdenas, comunidad serrana ubicada en el distrito de Venustiano Carranza –uno de los tres municipios en cuyas entrañas el diablo dejó veneros (López Velarde dixit)–, ha de hacerse bajo su propio riesgo, un cartel justo al inicio de la calle Palma Sola advierte sobre un panorama en el que la inseguridad es la reina del lugar.

Se habla de asaltos, desaparición de personas, de violencia generalizada y prostitución, y de un catálogo extenso de delitos, lo mismo federales que locales, que asolan a la comunidad de más de 25 mil habitantes. Aunque la situación es minimizada por el comandante de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) adscrito a la zona, Isidoro Hernández, quien de un plumazo califica todo de exageraciones de la gente e incluso politiza el tema al señalar que los carteles son meras acciones de un grupo de inconformes para desprestigiar al presidente municipal:

“El problema es que acá se dejan llevar por las viejas costumbres, no tienen la cultura de decir, o de acercarse a uno y decir sabe qué me pasó esto, sino que se quedan callados y son manipulados por una o dos personas por ahí que no podría llamar dirigentes sociales, simplemente dos o tres alborotadores, pero hasta ahí. El índice delictivo que tenemos es una investigación de robo a la quincena, un homicidio al mes, robo de vehículo cada dos o tres meses, índice delictivo aquí pues no, en las estadísticas tenemos cinco investigaciones y son por desaparición de personas, chicas de 14 o 15 años que se van con el novio”.

Pero en algo tiene razón el policía moreno que carga en el cinturón una escuadra reglamentaria y a quien la población del lugar, los de La Uno como se les conoce, acusa de prepotencia reiterada: no hay más estadísticas que los escuálidos números que periódicamente entrega a su superior.

Para enterarse del resto hay que sumergirse bajo la áspera piel de la cotidianidad de ese lugar, sólo así se sabrá con qué facilidad los escolares pueden ver a mujeres semidesnudas en las puertas de las cantinas, o que hace un año el presidente del municipio, Vicente Valencia Ávila, haya intentado atajar la delincuencia juvenil decretando un toque de queda, o que la hija de fulanita ya no aparece desde hace días y que al “novio”, uno de los tantos recién llegados con las empresas contratistas de Pemex, tampoco se le haya visto recientemente.

Un lugar de paso

Villa Lázaro Cárdenas siempre ha sido lugar de paso, y nada en la comunidad lo desmiente, su centro neurálgico y comercial está justamente a los lados de la carretera 130, que va de la Ciudad de México a Tuxpan.

Su estatus legal es de junta auxiliar a pesar de ser la comunidad más poblada del municipio de Venustiano Carranza, nombre oficial del ayuntamiento que fue creado en 1951, hace casi 60 años, con localidades que les fueron extirpadas al vecino Jalpan.

La presidencia auxiliar es apenas dos oficinas, sólo cuenta con seis policías para la vigilancia, repartidos en dos turnos, y una patrulla polvosa con la que realizan rondines. De hecho, la seguridad pública recién se instaló en la población, según informa el comandante de la policía auxiliar, quien asegura que tienen poco menos de 20 días trabajando ahí.

“Antes había que esperar los rondines que mandaban de V. Carranza –la cabecera municipal— o hablar allá para que mandaran a alguien”.

La Uno, como ciudad dormitorio, nació al amparo de Petróleos Mexicanos (Pemex), cuando se decidió instalar ahí una estación de bombeo para los ductos que atraviesan la sierra norte poblana; La (estación) Dos quedó kilómetros más adelante en el Zoquital y La Tres en Huachinango, en el sector de Catalina.

—Siempre ha sido un lugar dormitorio, un lugar de paso –cuenta, sentada en un café de franquicia poblana que también ha asentado sus reales en Huauchinango, Leticia Animas, reportera de la región de largo andar por medios estatales, nacionales y locales— pero con la llegada de las compañías contratistas la situación empeoró, empezaron a aumentar el número de cantinas y con ellas la prostitución.

El tema del petróleo no es nuevo para los serranos, no sólo vivieron a su sombra durante casi todo el siglo XX, además sabían del proyecto de Chicontepec desde hace años, y hoy esperan que la economía se reactive con las inversiones que tendrán que realizar las transnacionales asentadas.

Schlumberger llegó desde el 2003, Weaterford tiene años en la zona, las dos empresas en conjunto han recibido más 28 mil millones de pesos de 2008 a la fecha para perforar más de mil pozos en la región en cuatro licitaciones.

Weaterford ha logrado obtener tres de los cuatro contratos en juego, ingresando a sus arcas más de 18 mil millones de pesos; Schlumberger lleva años en la región gracias a los contratos de exploración que obtuvo a través de Comesa, su subsidiaria. De hecho existen documentos que pueden ser consultados en internet en donde se reconoce que la transnacional trabaja en la zona bajo el amparo de Pemex desde el 2003, cuando le fueron contratados algunos estudios de factibilidad.

—Sí, hay la esperanza en el ambiente –insiste Lety Animas— de que esto represente un regreso a los viejos tiempos, a que la economía se vuelva activar por el petróleo, de momento Huauchinago vive de los servicios y el comercio.

Alcohol por todas partes

Es miércoles por la noche, la televisión transmite la enésima derrota de la Selección Nacional de la era Sven-Göran. Honduras le propina tres palos a México ante la mirada impávida de los jugadores que portan la camiseta verde, pero nada de eso parece importarles a las cuatro mujeres que en una mesa cercana beben alegremente, la mayor no tiene más de 25 años, la menor supera los 20 y por las colección de botellas que corona su mesa parece que llevan algunas horas en ello.

Estamos en el traspatio de una taquería ubicada frente a la presidencia auxiliar, entramos por un largo pasillo situado al costado de la parrilla en donde se cocina el suadero y las tripas en chiltepín y, mientras llega nuestro pedido de alimentos, el cantinero nos coloca unas cervezas enfrente.

En el patio hay cinco o seis mesas, un pequeño baño dividido por género, una barra bien surtida con cinco taburetes y una pantalla de televisión del tamaño suficiente para seguir las acciones de los mexicanos en San Pedro Sula, como lo hacen cuatro jóvenes sentados frente a la barra quienes también comparten los tacos y los tragos de una botella de ron.

Para beber alcohol en La Uno no que hay que andar mucho, las taquerías-bar y las cantinas lo mismo se encuentran frente a las oficinas desde donde despacha Javier Mota Pérez, el presidente auxiliar de la población, que a los costados de la agencia del ministerio público que la PGJ tiene ubicada en Villa Lázaro Cárdenas para atender las denuncias, que no son muchas a decir del comandante de la plaza, Isidoro Hernández.

Y no son muchas, también confirman los de La Uno desmotivados por el actuar de Maru, la secretaria de la agencia del MP, o al menos así lo cuenta Arturo.

“Maru es un problema, menor, pero problema, muchas veces les he preguntado a mis vecinos, ¿Por qué no denuncian? ¿Por qué no van a declarar? Y me responden, para qué, si la tipa nomás nos regaña, nos trata como si nosotros fuéramos los delincuentes, o pone lo que se le ocurre en la declaración y cuidado si la intentas corregir, te grita y te regaña”.

Para Isidro Hernández la multitud de cantinas y lugares para el consumo de alcohol no es un problema para la comunidad, tampoco son las riñas que se producen con cierta frecuencia, como se puede leer en los medios de la región.

El portal de noticias Radio Expresión informaba en abril del año pasado que el presidente municipal, Vicente Valencia Ávila, ordenó un “toque de queda” para los menores de edad, pues en las poblaciones Venustiano Carranza, María Andrea y La Uno se habían quejado “de los desmanes que realizan los muchachos cuando ‘andan en la noche tomando y afectando a terceras personas.’”

Otro sitio web informativo, sierranortedepuebla.com, informó a principio de marzo de este año la llegada de militares a La Uno para vigilar la zona, catalogada como de riesgo “por la presencia y el paso de miembros del crimen organizado”.

Nada, no pasa nada

Nada de eso hace mella en el espíritu de Isidoro Hernández, quien accede a la charla con un fastidio que va en aumento conforme transcurre.

–El índice delictivo que tenemos es una investigación de robo a la quincena, un homicidio al mes, robo de vehículo cada dos o tres meses, índice delictivo aquí, pues no, en las estadísticas tenemos cinco investigaciones y son por desaparición de personas –sostiene cuando se le cuestiona por el problema de la inseguridad que salta a la vista al poner un pie en La Uno.

¿Y estas desapariciones son por secuestro o cual es la razón?

No, no. Son chicas de 14-15 años que se van con el novio, sí, y no hay más. Es cierto, es un delito porque se van con mayores de edad, se maneja como estupro y ya, se logra saber su ubicación, y tan es así que le damos prioridad a esos casos.

¿Esos novios se las llevan para casarse con ellas, o se las llevan para prostituirlas en otros lados?

Se las llevan para casarse con ellas, o más bien para hacer vida conyugal, no porque se las estén llevando a prostituirse o a otra situación o que haya tráfico de personas.

Oiga, el que haya tantos bares y cantinas tan solo en el centro, con chicas trabajando, ¿no les genera algún tipo de problemas?

Pues no, en los recorridos que hemos realizado siempre el bar que más tiene son cuatro o cinco chicas, y todas son mayores, ya señoras, aquí no se ve esa situación que sean menores de edad, eh.

¿La profusión de cantinas no representa un problema social?

No, la verdad no.

¿La gente no se queja de esa situación, pues los niños salen de la escuela y se encuentran ya con las cantinas abiertas, o que se generen riñas al interior?

Pues no, al menos como autoridad ejecutora no repercute en nosotros. Y como te acabo de decir, el índice de nuestras (sic) estadística de daños, de lesiones o amenazas no, no los hay, sí, pudiera decirte de una pelea pero hasta ahí y ya.

¿Entonces lo de los carteles que hay a la entrada de La Uno no es cierto, sólo se busca alarmar a la población o que sucede?

Es gente que no está de acuerdo con la administración, no con nosotros, sino con el presidente municipal.

¿Qué territorio cubren comandante?

Tenemos a nuestro cargo todo lo que es el municipio de Venustiano Carranza y Jalpan.

¿Y de cuántos agentes se compone su grupo?

Son tres agentes, un jefe de grupo y dos comandantes, seis personas.

***

Y mientras en La Uno no pasa nada, en los caminos aledaños los asaltos a pasajeros siguen al alza, los asaltos a transportistas también, y se mantiene como una constante, esto sí reconocido por las autoridades, la desaparición de muchachas de apenas 14 años que se van con hombres mayores de edad que las enamoran.

En el centro nocturno Mónaco seguirán vendiendo algo más que alcohol y caricias, y las calles oscuras de Villa Lázaro Cárdenas seguirán sirviendo para albergar a todos los que han traído consigo las empresas transnacionales y sus subsidiarias, para atender la perforación de pozos y más tarde la extracción del oro negro que Venustiano Carranza esconde en sus entrañas.

Anuncios