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  • Crónica de una larga sesión y esgrima verbal en el Congreso poblano para un espectáculo mediático

Ernesto Aroche Aguilar

 

Los panistas de azules transmutaron en negros, los priistas llegaron con el ánimo vestido de fiesta, comparsas incluidas. Los primeros acusaron de opacos a los segundos, los otros se parapetaron en la “opacidad federal” para lanzar desde ahí bravuconadas al estilo: “perro que ladra no muerde” y acusaciones de ignorancia, aunque fue a los priista a quienes “el barniz estuvo a punto de hacérseles bolas”, como dice la voz popular.

 Fue una larga y maratónica sesión en la que PRI utilizó su aplanadora —25 de 41 curules son tricolores— para imponer su propuesta de reforma a la ley de transparencia, y la oposición blanquiazul para dejar en claro que se estaba asistiendo a un funeral, el de la transparencia estatal, y para ello llevó coronas de flores, vistió el luto respectivo e incluso exhibió un cartel a manera de esquela por la muerte del acceso a la información y la rendición de cuentas.

 

Pero más que un ánimo mortuorio la sesión que tuvo 12 oradores en la tribuna se mostró como un espectáculo circense con sus payasos, sus hombres fuertes, sus magos y sus malabaristas; con sus seres supranaturales y oscuros; con sus chascarrillos y su humor involuntario, todo en una sola pista: el salón de plenos del Congreso estatal.

 

Jorge Ruiz Romero, presidente de la Comisión de Transparencia, fue el primero en saltar a la pista y con su oratoria incendiaria puso las cartas sobre la mesa, acusando de protagonismo excesivo a los panistas, señalándolos de traer a Puebla a sujetos oscuros —en alusión a la visita de los miembros de la Comaip— desde Guanajuato para fungir como comparsas de los panistas —ignorando que Ramón Izaguirre “el sujeto oscuro” fue destituido como comisionado de la transparencia en ese estado por el gobernador panista, Juan Manuel Oliva Ramírez, quien tuvo que recular por orden del Poder Judicial de la Federación—.

 

Señalando de paso que la asociación Ciudadanos por la Transparencia Municipal (Cimtra) o fungió como parte de la estrategia albiceleste o fue utilizada por los panistas.

 

No había retorno posible

 

Puestas las cosas así no había retorno posible; como tampoco hubo nunca, a decir de Manuel Janeiro, la respuesta opositora al primer hombre fuerte del PRI —y digo primer porque había de venir uno más—, interés y voluntad política real para sacar adelante una reforma de vanguardia para sacar a Puebla del sótano de la transparencia.

 

Melitón Lozano, el perredista que se sumó al grupo opositor conformado por el PAN y el Panal, pero sin vestir el luto y por ende sin tanto reflectores encima, también apuntó que con la propuesta que se aprobaría dos horas después la sociedad perdía la posibilidad de que el estado garantice su derecho a conocer el manejo de los recursos públicos.

 

Gustavo Espinoza, legislador del Panal, con acto de magia se sacó de la chistera el anuncio de que se presentará una acción de inconstitucional contra la reforma pues no solo no cumple con los mínimos exigido por el artículo sexto, va incluso en contra de algunos preceptos; lo que no explicó el diputados del partido del magisterio es como sumará los 14 legisladores necesarios cuando el grupo opositor conjuntó solo 13 legisladores, pues la perredista Irma Ramos y la única diputada de Convergencia, Carolina O´Farril se fueron por la libre, absteniéndose de votar la propuesta priista.

 

Los cómicos y el hombre fuerte

 

Y entonces llegó el bravucón. El segundo hombre fuerte que el PRI mandó al ruedo —Luis Alberto Arriaga Lila— se subió al banquito para desde ahí asegurar que a ellos, a los priistas, no los espantan con el petate del muerto, que la única línea que reconocen no viene de Casa Puebla sino que emana del pueblo y que “perro que ladra no muerde”.

 

Que no le temen más que a la ignorancia y al doble lenguaje que según él manejan los panistas pues exigen en el estado lo que a nivel federal no puede ofrecer: transparencia en el manejo de los recursos públicos.

 

La diversión en una larga sesión, que inició desde las 11 de la mañana hasta pasadas las 18 horas, sin receso alguno corrió a cargo del dueto Fernández del Campo-Aguilar Viveros, cuando al iniciar la votación sobre el artículo 25 de la ley, la reforma ya había sido aprobada en lo general, se intentó declarar un receso a la sesión sin consultar al pleno.

 

Comenzada la votación Humberto Aguilar Viveros votó en contra del punto, lo mismo hizo Javier Aquino, los dos priistas, pero cuando el panista Raúl Álvarez Marín externó su postura en el mismo sentido una alarma sonó en el interior de Pablo Fernández del Campo: si estaban votando igual que los panistas algo no podía estaba bien… claro, estaban votando contra el artículo 25, el que habla de la autonomía de la CAIP.

 

Desesperado intentó ordenar un receso en medio de la votación, interrumpiendo a otro de sus compañeros que también votaba “en contra”, en ese momento comenzó a sonar la música, el momento cómico había llegado.

 

Los panistas comenzaron a gritar “Transparencia”, los asesores priistas saltaron por todos lados, la priista Rocío García Olmedo pidió que se rectificaran los votos de sus compañeros, el panista Manuel Janeiro burlón le pidió que le mostrara en que parte de la normativa interna del congreso estaba definido eso de rectificar para modificar el sentido de su voto.

 

Tuvieron que apechugar, lo hecho hecho estaba y de cualquier manera mantenían la mayoría simple necesaria para impedir la modificación del artículo en disputa. Después todo volvería a la normalidad. La reforma a ley de transparencia priista había sido aprobada en lo general y en lo particular.

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