Etiquetas

,

Ernesto Aroche Aguilar

Israel C, egresado de la escuela de letras de la Universidad Autónoma de Puebla y gran consumidor de productos culturales, lo tiene muy claro, si no fuera por la piratería el 90 por ciento de su videoteca no existiría. Gracias a ella ha podido tener acceso a películas y discos que ni siquiera se producen en nuestro país.

Israel, al igual que 75 por ciento de los consumidores en este país, compra productos apócrifos, según releva una encuesta realizada por la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), a pesar de los riesgos que implica el consumo de ese tipo de productos.

“Mira –explica el entrevistado– si, es cierto, puedes encontrarte con material de buena calidad, copias en muy buen estado y, por supuesto, cine o música que de otro modo no podrías conseguir porque el mercado es muy limitado para los costos que implica la producción a gran escala, eso por un lado. Por el otro, si comparas los precios de una salida al cine, por hablar de los que compran los estrenos, hablamos de gastos para una familia promedio superiores a los 100 pesos, cuando una peli te cuesta 10, 15 o 20 pesos como máximo, pues no hay punto de comparación”.

Y la encuesta de Profeco le da la razón a Israel, los principales motivos para acudir a la piratería es el elevado costo de los productos originales, sobre todo cuando el nivel de ingresos salariales del grueso de la población, es decir más del 40 por ciento, se ubica entre uno y dos salarios mínimos según datos del último reporte del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI).

La dependencia federal también explica que los productos apócrifos “que más se adquieren son discos compactos de música, películas, ropa, videojuegos, juguetes, zapatos, tenis, perfumes y programas de cómputo”.

El problema de la piratería, explica, por su parte la dependencia federal es que “afectan la economía del país, generan desempleo y perjudican a diversas industrias”, generando así un círculo vicioso entre bajos salarios y consumo de productos apócrifos.

Pero además, ese tipo de productos muchas veces “se ven o escuchan mal, son poco durables y es difícil que sus aparatos los reproduzcan, e incluso han llegado a descomponerlos”.

“El problema –revira Israel–, es que la economía actualmente se mueve a través del consumo, nos venden por todos lados la idea de que adquirir productos es elemental y lo vuelven incluso una necesidad, pero cuando sales a la calle los precios te obligan a voltear a otros proveedores, sí, los piratas”.

Anuncios