Ernesto Aroche Aguilar

 

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) de siempre, el de la cargada de los búfalos, el del voto corporativo, se mostró de nuevo y sin pudor. La Confederación de Trabajadores de México (CTM), aprovechó el décimo aniversario luctuoso de sus líderes Fidel Velázquez y Blas Chumacero –que se cumplieron el 21 de junio y 12 de julio respectivamente– para honrar su memoria a su manera: dejando en claro que para esa central obrera no hay más candidatos que los priistas y no hay más destino que “el destino manifiesto” de mantenerse en el poder, aun cuando la realidad sea otra.

 

Y ahí estuvo “el nuevo PRI”, “el PRI del futuro”, como ha querido venderlo una y otra vez su dirigente Valentín Meneses Rojas –el funcionario “de nueva generación” que pasó de vocero marinista a director del DIF estatal y ahora arenga a la huestes tricolores y enfrenta “la efervescencia” de sus militantes–, para constatar el espaldarazo de los dirigentes obreros.

 

Y junto con él estuvieron candidatos a ediles, aspirantes a ocupar curules en el Congreso estatal, y la (pre) candidata priista que disputará la silla presidencial de la capital poblana, Blanca Alcalá, para recibir las porras, los vitores y “los vivas” de los líderes cetemistas presentes.

 

Quienes dejaron muy en claro, a través del orador en turno y antes de estallar en vivas, que no era que los intereses obreros estuvieran supeditados al PRI, sino que dada la similitud de metas se encontraban en la misma carrera y que cifraban en la blanca candidata sus esperanzas.

 

Pero, que no se confunda, no es que la confederación obrera que dirigió por años el ayer celebrado y eterno líder Fidel Velázquez, promueva o utilice el voto corporativo, no, no vaya usted a creer eso. Y René Sánchez Juárez –dirigente estatal de la otra gran concentradora de contratos colectivos: la CROC–, lo dejó bien claro, eso ya ni existe, ni se aplica a los agremiados.

 

Lo obreros, o más bien sus líderes sólo estaban dejando claro cuales son sus preferencia electorales, cosa que por “moralidad civil”, sugirió el líder de la CROC, también deberían hacer los empresarios, faltaba más.

 

“¡No es luto!”

 “¡Si no es luto, tu échale!”, le dijo uno a otro. El orador medio inmutado titubeó, el otro insistió, “¡échale porras a Blanca!”.

Y no, no lo era, por ello los vivas y los vítores y “los sí se puede” saltaron por todos lados, lo mismo de los oradores que de los aspirantes y suspirantes que de los que desde las sillas colocadas frente al estrado observaban el evento que nada tuvo de luctuoso y todo de festín político.

 

Blanca, la candidata, se comprometió con las causas de los trabajadores, “porque así nos los enseñaron Don Fidel y Don Blas, además de las primera mujeres que lograron el voto fueron mujeres obreras, Ahí estaban Ángela Parra, Aurelita Corona, Gerutza Rangel y muchas poblanas más”.

 

Valentín, el encargado de lidiar con la efervescencia de los priistas y que por la emoción del proceso ya le rompieron hasta la puerta de la oficina no dudo en asegurar que el suyo aunque no lo parezca es un partido de vanguardia, que va “un paso, diez pasos adelante de los otros partidos políticos”, pues apostó por llevar a la silla presidencial a una mujer.

 

Y convocó “!a todos los priistas del sector obrero, campesino, del sector popular, a los mujeres que hagamos crecer esta bola de nieve, esta marea a favor de Blanca Alcalá, llevando el mensaje a nuestra fábrica, casas, ejido, mercado, taxi, transporte y a todos lados!”.

 

Un discurso que azorados el delegado federal de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, Carlos Ortiz, y el delegado de la Procuraduría Federal para la Defensa del Trabajo, Fernando Castro, funcionarios de un gobierno de extracción panista, seguían desde la mesa de honor sin saber si reír o llorar al haber dejado arrastrar, inocentemente, a la cargada de los bufalos.

 

Al tiempo que procuraban que el titular de un pasquín que les pusieron enfrente y que acusaba a Javier Lozano Alarco –su jefe–, “de operador financiero de Calderón” y “corrupto”, no se viera demasiado. 

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