Ernesto Aroche Aguilar

Las condiciones de trabajo de los más de 80 mil choferes de rutas de autotransporte urbano en el estado de Puebla se ubican en la cada vez más amplia franja de los asalariados que carecen de prestaciones y seguridad social, y aunque viven con el temor constante de ser encarcelados, no tienen otra opción que pelearse el pasaje para poder llevar a casa una mayor cantidad de dinero todos los días.

Parte de la problemática que viven los profesionales del volante, manifestó René Sánchez Juárez, líder de la Confederación Revolucionaria Obrero Campesina (CROC), central que agrupa a más de 5 mil trabajadores del ramo, entre choferes de transporte urbano, foráneo y taxistas en todo el estado, es que las organizaciones o rutas de transporte son reacias a organizarse como empresas.

Por ello, señala el secretario general de la Confederación Revolucionaria Obrero Campesina, los trabajadores sólo son reconocidos bajo un esquema de subarrendadores de la concesión; es decir, establecen con el dueño de la concesión y la unidad un contrato, muchas veces de palabra, de renta.

Y ahí, asegura, “no hay una relación laboral, sino una relación comercial, y mientras no haya otras formas jurídicas los trabajadores seguirán siendo subarrendadores de la concesión”. Aunque la Ley Federal del Trabajo señala que hay presunción de relación laboral en tanto se observe una relación de subordinación entre el probable patrón y el trabajador, situación que se observa en las relaciones entre los choferes y el dueño de la concesión, como aseguraron algunos empleados del volante consultados por La Jornada de Oriente.

Aumento: opiniones divididas

“Nosotros no tenemos ni prestaciones ni seguro social ni nada; trabajamos por una cuenta. Tenemos que cumplir con el patrón entregándole diariamente la cuota y lo que quede, después de pagar el combustible o multas o lo que salga, ya es para uno”, aseguró uno de los choferes de la ruta 33.

La breve charla se inició con desconfianza. El trabajador del volante veía la grabadora y dudaba antes de responder. Miró un poco a todos lados, como buscando la aprobación, y por fin aseguró que a ellos, directamente a los encargados de llevar de un lado a otro a la ciudadanía por la ciudad, en poco o nada los beneficia un aumento de las tarifas.

“Mira, la cuenta aumenta conforme aumenta la tarifa, así que a nosotros no nos toca gran cosa. Vamos saliendo al día, con 200 pesos si la jornada fue buena; si no, apenas logramos llevar a casa 100 o 120 pesos; por eso hay que pelearse el pasaje; mientras más suba, más se gana”, aseguró el hombre de más de 45 años y camisa azul, quien prefirió no ver su nombre impreso en el periódico; “no sea la de malas”.

Pero no todos ven las cosas de la misma manera. En la ruta 35 hay molestia con el gobernador, al menos en uno de sus conductores; “Marín nos dio en la madre con su pasaje especial; yo tengo un contador (electrónico), y si sube gente de la tercera edad tengo que acompletar de mi bolsa los 50 centavos, pues el patrón me obliga a pagar por el número de pasajeros sin importar su condición”.

Para el hombre de cabello entrecano y gafas oscuras, que pide el anonimato, el aumento sí los beneficiaría, pues “aunque sube la cuenta, también sube lo que se gana; y acá todo ha subido, que el gas, que las refacciones; lo único que no sube es el pasaje; Marín prometió que con los nuevos camiones subiría el costo, y los patrones nada más se embarcaron en comprar nuevas unidades y nada, se sigue cobrando lo mismo”.

Aunque de acuerdo con Juárez Hernández no todos los trabajadores del transporte urbano viven bajo dichas condiciones. Hay rutas, asegura, en donde sí están sindicalizados, les pagan el seguro y tienen prestaciones; “no tienen grandes prestaciones, pero lo que más les preocupa es el tema de la seguridad social, y ahí están cubiertos por ley”.

De acuerdo con los datos del Observatorio Laboral, el número de trabajadores del volante en la modalidad de conductores de colectivos y/o autobuses urbanos creció entre 40 por ciento entre 2002 y 2006, pasando de 59 mil 609 chóferes para 2002 a 83 mil 586 para 2006. El salario de acuerdo con el organismo dependiente de la Secretaría del Trabajo señala que los trabajadores del volante reciben en promedio 3 mil 280 pesos mensuales; es decir, entre dos y tres salarios mínimos.

Su nivel de escolaridad predominante se ubica entre la primaria y la secundaria, pues el 76.5 por ciento de estos trabajadores declara tener como máximo la escolaridad mínima garantizada por el estado. Sólo el 19.3 por ciento de choferes cuenta con estudios medios –bachillerato o similar–, y apenas un 4.1 por ciento con educación superior.

 Publicado en La Jornada de Oriente el 28 de agosto de 2006 | Foto: Rafael García Otero

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