Ernesto Aroche Aguilar

Las obras de ampliación de la carretera federal que comunica a Puebla con Veracruz en su tramo Chachapa-Amozoc-Tepeaca, además de los 238.5 millones de pesos que costará a la Federación, tendrá un costo ambiental que aún no se calcula, pero que ya ha dejado como víctimas de la urbanización a más de 400 árboles que tenían un promedio cercano a los 100 años de vida.

El problema para el ayuntamiento de extracción panista es estatal, pues en las obras ellos son testigos mudos. A la presidencia municipal sólo llegó una carta informativa del inicio de los trabajos, firmada por la arquitecta Victoria Olivia Huerta Sánchez, directora de obra pública de la Secretaría de Obras Públicas del Estado de Puebla (Seduop), señaló el regidor de Obra del municipio de Tepeaca.

A nosotros, comentó Juan Pablo Román Ávila, sólo nos informaron del arranque de las obras, pero hasta ahí, respondió escueto antes de mostrar el oficio de la Sedurbecop al reportero, no sabemos nada de árboles ni nada.

En la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) la historia es la misma, aseguró un vecino de la localidad interesado en la pérdida de los árboles centenarios. “Uno habla y no pasa nada. Le ponen a uno esa musiquita que ni me gusta y lo pasan de extensión en extensión sin que nadie pueda resolver nada. Y en el número que me dieron de la Sedurbecop siempre marca ocupado”, sostuvo.

Aunque para cualquier acción ya es tarde en el tramo que comunica a Amozoc con Tepeaca, pues la carretera luce desnuda, con una serie de muñones de lo que alguna vez fueron unos altísimos fresnos, eucaliptos y alcanfores.

“Pero a los vecinos ni les importa ni dicen nada”, señala Raúl Cabrera García, cabo de oficios de la empresa Coconal y encargado de la tala que aún se realiza en el tramo Cachapa-Amozoc, donde la carretera federal se asfixia a ratos cuando caen los colosos de madera, y sobre de ellos los lugareños se aprestan, como dice el dicho, a hacer leña del árbol caído.

La empresa, sostiene Cabrera García, cuenta con todos los documentos en regla. “Nosotros sólo tiramos los árboles y dejamos que la gente se los lleve para que no pase lo que sucedió en el primer tramo, en donde la contratista Fénix, por intentar impedir la rapiña de la madera, recibió amenazas con armas de fuego”.

Además, sostuvo el encargado de tirar los árboles, la empresa Coconal tiene el compromiso de plantar 10 árboles por cada uno de los sacrificados. El problema, señala uno de los vecinos de la zona que pidió el anonimato, es que aunque los siembran se olvidan de ellos y finalmente se terminan muriendo.

Y aunque la mayoría de los vecinos mira como lleha el “progreso” con cierta simpatía, no todos están muy de acuerdo, “pero qué podemos hacer, ni nos van a hacer caso”, asegura una mujer de aproximadamente más de 60 años que desde sus arrugas mira cómo les cortan la vida a los árboles que ya estaban desde antes de que ella naciera, luego se gira y cierra la puerta moviendo la cabeza con tristeza.

Publicado en La Jornada de Oriente el 10 de julio de 2006 | Foto: José Castañares

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