Ernesto Aroche Aguilar

Cláusulas engañosas en el contrato de adhesión y costos por interés crediticio muy altos son los señalamientos que la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), la Comisión Nacional para la Defensa del Usuario de Servicios Financieros (Condusef) y la Procuraduría del Ciudadano (PC) han lanzado en contra de la tarjeta Spira, al registrar esas dependencias denuncias ciudadanas y solicitudes de apoyo por cobros excesivos y por disposiciones de efectivo no realizadas, a un ritmo de hasta dos casos diarios.

El gran problema al que se han enfrentado las dependencias estatales y federales a la hora de acudir a la defensa del usuario, ahogado por el crecimiento de la deuda que ha llegado a triplicarse en tan sólo unos meses, como denunció el delegado estatal de la Profeco en Puebla, Bernardo Hinojosa Polo, es que se desconoce el estatus legal que le permite a la compañía la emisión de tarjetas de crédito, cosa que la misma empresa informa en su cláusula vigesimasegunda del contrato de adhesión: “Spira no está supervisada ni regulada por las autoridades financieras mexicanas, incluyendo entre las mismas a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al Banco de México (Banxico), a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNVB) y a la Condusef. De igual forma, Spira realiza sus actividades y operaciones de forma independiente de cualquier institución de crédito y no cuenta con el respaldo de grupo financiero alguno, integrante del Sistema Financiero Mexicano, en términos de las disposiciones aplicables. El cliente toma conocimiento y acepta expresamente las consecuencias de lo anterior.”

Esto, señala también en entrevista el director del área civil y mercantil de la PC, Jorge Dustano Reyes Santos, limita la capacidad de negociación de los órganos de apoyo ciudadano, sobre todo por la férrea negativa de la empresa a cualquier tipo de intermediación o renegociación de deuda.

Desgraciadamente, afirma el funcionario, la empresa Spira no tiene oficinas en Puebla. Sólo tienen oficinas en Monterrey, Guadalajara y el Distrito Federal. “Hemos tratado de contactarlos, y la única manera en que hemos logrado, entre comillas, comunicarnos es por medio del teléfono. Pero no hemos podido llegar a un acuerdo a pesar de que se les ha manifestado la improcedencia de sus cobros”.

“Ahí es cuando el contacto se reduce pues nos mandan con un bufete de abogados que se niega a cualquier negociación. A ellos sólo les interesa negociar, no les interesa otra cosa que no sea el pago de los adeudos que ellos señalan. Adeudos además durísimos por el costo del interés tan alto”, afirmó enfático el funcionario.

Tarjetas al alcance de cualquiera

Alberto “N” trabaja desde hace poco más de dos años como cajero en un restaurante de comida rápida ganando 3 mil pesos al mes, apenas 250 pesos más que el 25 por ciento de la población en Puebla, la cual sólo percibe 2 mil 728.6 pesos por el trabajo realizado durante 30 días en jornadas de ocho horas; es decir, dos salarios mínimos.

Pero esos 250 pesos de diferencia lo colocaron entre aquellos ciudadanos que a pesar de que difícilmente podría ser sujetos de crédito para cualquier banco establecido, pues el ingreso mínimo comprobable para las instituciones crediticias dispuestas a financiar al sector de la población en el que se ubica Alberto lo menos que piden es de 3 mil 500 pesos –BBVA Bancomer–, no tuvo problemas para obtener una tarjeta de crédito de la empresa Spira.

Spira, señala el titular de la Profeco en el estado, impulsó una campaña para la entrega masiva de tarjetas de crédito, ofreciendo muchas facilidades a la gente que nunca ha sido sujeto de crédito; “los estudiantes, por ejemplo, son el objeto de mercado de esta empresa, o gente que carece de experiencia en el uso de créditos y que una vez que tiene la posibilidad de adquirir productos mediante su uso no mide las consecuencias futuras de sus gastos”.

Para Bernardo Hinojosa, la tarjera Spira está representando un gran problema a controlar; “apenas fuimos a Teziutlán y tenían como siete módulos en la feria y venden su producto crediticio como locos. Spira es la tarjeta de servicios y de crédito más cara del mercado, pero cara en serio”, afirma tajante. De acuerdo con el delegado estatal, las tasas anuales de crédito bancario “andan entre un 32 y un 46 por ciento, y las más bajas andan en un 11 por ciento. Bueno, pues Spira anda por arriba del 58 por ciento”.

Los datos difieren cuando se toma en cuenta el cuadro comparativo que realizó la Condusef y que puede ser consultado en su página web. Ahí Spira se coloca como la segunda tarjeta de crédito más cara al ubicar su costo crediticio anual, de acuerdo a la información proporcionada por el centro telefónico de la propia empresa, en 54.84 por ciento, mientras que la tarjeta más cara resultaría ser la que ofrece el banco HSBC, cuyo costo es superior en 3 puntos porcentuales.

Sea uno u otro el dato a tomar en cuenta, el costo de la tarjeta se ubica hasta un 40 por ciento por arriba del promedio del costo crediticio de las siete instituciones bancarias que compara la Condusef .

Pero además, afirma Hinojosa Polo, el costo por disposiciones en efectivo mediante el uso de cajeros automáticos es, a todas luces, un abuso. “Si sacas dinero del cajero con tu tarjeta, te cobran el 20 por ciento de lo retirado, y si te pasas de la fecha de corte y no se realizó el pago mínimo te cobran el interés más alto y la multa más cara: entre 500 y 600 pesos.

“Tenemos casos en que se endeudan con 3 mil –el crédito de inicio que ofrece la empresa– y no pagan a tiempo, por desorganizados o por lo que quieras, y luego tienen deudas por 15 mil pesos, seis o siete meses después. La tarjeta Spira es una forma de ahorcarse de a gratis”.

Y eso lo sabe muy bien Alberto “N”; por desgracia para él, lo supo varios meses después de adquirir lo que creía sería un instrumento para poder obtener lo que hasta el momento su trabajo y su bajo salario no le habían permitido: comprarse algunos aparatos electrodomésticos.

Por ello, Bernado Hinojosa lanza una advertencia a los tarjetahabientes, sean de la tarjeta Spira o de cualquier otra casa comercial o institución bancaria: “tengan cuidado con lo que están firmando y háganlo con la conciencia de que se está comprando un servicio de crédito muy caro. Como hay varias cláusulas abusivas el contrato no existe para nosotros. Y ya comenzamos a negociar con Spira y estamos en eso, pues registramos quejas de los usuarios a un ritmo de entre dos y tres diarias”.

Quejas por disposiciones no realizadas: PC

El mismo problema se ha presentado en la Condusef y la Procuraduría del Ciudadano, como informaron a este reportero tanto el delegado federal, José Luis Avila Sánchez, como el abogado Jorge Dustano Reyes Santos. La Condusef, asegura Avila Sánchez, está enfrentando muchos problemas con la tarjera Spira por la manera indiscriminada en que se entrega sin mediar ninguna clase de estudio económico del cliente que permita prever la capacidad de endeudamiento.

Aunque el funcionario limitó la responsabilidad de la empresa al señalar que se trata de un acuerdo comercial firmado por las dos partes: “los intereses, pues, son acordados por el usuario y la institución; tampoco son intereses que la institución decida de manera arbitraria, pues cuando se entrega el plástico nos están diciendo de cuánto será el costo”.

El problema radica, como se señaló al principio de este reportaje, en que la compañía no está regulada por la Condusef, a pesar de que se trata de una entidad crediticia. Y el mismo problema enfrenta la Procuraduría del Ciudadano, asegura Reyes Santos. “Es que no sabemos qué es Spira, si una institución financiera o qué; sin embargo, maneja tarjetas de crédito. Y hasta acá han venido varios usuarios que tienen problemas con la tarjeta”.

A la empresa, afirma el abogado de la defensoría social, no le interesa negociar, sino recibir el pago de los adeudos que pueden llegar a ser “altísimos”, de acuerdo a los casos que se les han presentado en la PC. En la procuraduría se han documentando situaciones en donde el monto de los adeudos se duplicó en sólo tres meses, “pasando de los 3 mil pesos originales del adeudo a más de 6 mil”.

A los usuarios les llegan requerimientos muy fuertes, algunos de ellos, señala Reyes Santos, porque efectivamente se han excedido en el gasto, pero a otros les están apareciendo cargos por disposiciones de efectivo que los usuarios manifiestan no haber realizado nunca.

En la búsqueda de atender las quejas ciudadanas este órgano de atención ciudadana, se acercó a la Condusef, organismo que “se desligó del problema, pues la empresa carece de un estatus legal como compañía financiera. Y cuando se buscó la intermediación de la Profeco tampoco se obtuvo resultados positivos, pues a pesar de los requerimientos, la empresa no se ha presentado a las pláticas.

Y mientras se negocia, o por lo menos se intenta, según las dependencias, para Alberto sigue aumentando su deuda impagable, pues su minisalario apenas le permite ir saliendo al día.

Públicado en La Jornada de Oriente el 15 de agosto de 2006

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