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  • La ciudadanía ha dejado de creer en las autoridades responsables de la seguridad pública, sostiene una ONG
  • los titulares de las propias dependencias reconocen las deficiencias con que trabajan todos los días los cuerpos policiacos

 

Ernesto Aroche Aguilar

 Carlos regresaba aquella noche a su casa luego de varias horas de clases. Se colocó los audífonos de su reproductor de música para acompañarse las cinco calles que separan a su facultad del departamento que rentaba junto con algunos compañeros suyos, pero llegó sin ellos, en el camino tres sujetos armados con objetos punzocortantes le robaron todo lo que llevaba a la mano: un celular, el reproductor de mp3, la cartera y una chamarra.

 Al día siguiente se presentó en la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) a levantar una denuncia, sólo para ser informado que tendría que trasladarse hasta la agencia del Ministerio Público (MP) zona sur para que lo atendieran. Ahí esperó casi una hora a que el agente del MP llegara a tomarle la declaración. Fueron cerca de 6 horas las que le implicó el trámite, desde el inicio hasta que le dieron la copia de su queja. Nunca más volvió a saber nada del tema.

 Medio año después volvió a ser asaltado, esta vez sólo le quitaron el celular y la cartera, no llevaba más, pero descartó de inmediato presentar una denuncia, “para qué, no tiene caso, no resuelven nada y se pierde mucho tiempo”, comenta en entrevista alzando los hombros mientras desvía la mirada. Carlos, como muchos otros, dejó de creer en la policía, si es que alguna vez lo hizo.

 El joven estudiante fue otra de las miles de víctimas de la delincuencia en esta ciudad que ya no denuncian los ilícitos, un dígito más que se suma a “la cifra negra” de Puebla, al número de actos delictivos que sólo quedarán en la memoria del que lo sufrió pero que no llegará a la estadística.

 Y por casos como ese es que Puebla hoy se ubica como uno de los estados con los índices más altos en “cifra negra”, o cómo lo define el Instituto Ciudadano de Estudios Sobre la Inseguridad A.C. (ICESI) “delitos cometidos y no conocidos, conocidos y no denunciados  o denunciados o no registrados,  es decir ‘la cifra negra’ es la diferencia entre los delitos cometidos y los oficialmente registrados”.

 De hecho, y de acuerdo con la investigación de la organización de la sociedad civil, en Puebla sólo se denuncia uno de cada 10 delitos que se cometen en el estado, del resto no llega a saberse pues la confianza en las autoridades responsables se ha perdido. El indicador del ICESI para el estado duplica la media nacional, como se observa en la Encuesta Nacional Sobre Inseguridad Urbana 4 señala que una de cada cinco víctimas denuncia el delito.

 

A medias con la seguridad pública

 Y aunque según el discurso oficial, Puebla es una de las entidades mejor posicionada en de seguridad pública a nivel nacional, hay datos, también oficiales, que apuntan a deficiencias en la materia.

 Datos de la Secretaría de Seguridad Pública federal, retomados de la “Evaluación de programas, proyectos y acciones en Materia de Seguridad Pública del Estado de Puebla 2006”, señala que en el estado apenas se cuenta con un policía por cada mil 528 habitantes, cuando los estándares de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) exigen que sea un agente de seguridad por cada 250 o 300 habitantes.

 Y aunque se solicitó a la Secretaría de Seguridad Pública estatal la actualización de los datos y sólo se obtuvo una respuesta negativa por parte de la dependencia que encabeza Mario Ayón Rodríguez, los datos tomados del tercer informe de gobierno apuntarían a un decrecimiento en los agentes de seguridad pública por habitante.

 De acuerdo con esa información, Puebla tendría hasta noviembre del año pasado a un agente de seguridad por cada mil 659 habitantes.

 La deficiencia en la materia, al menos en los números, también fue reconocida por el titular de la Secretaría de Seguridad Pública y Vialidad Municipal, Guillermo Alberto Hidalgo Vigueras, y el director de la Policía Judicial en el Estado, Hugo Isaac Arzola, por separado los dos jefes policiacos señalaron la necesidad de duplicar, por lo menos, el número de agentes de seguridad.

 La fuerza policial en la capital del estado debería contabilizar por lo menos “entre 3 mil 750 a 4 mil, en esta ciudad capital y no llegamos a esa cantidad. Sin embargo se está tratando de aumentar. Tenemos muy pocos elementos, pero no daré los números exactos porque sería tanto como darle alas a la gente que está pendiente, pero lo que estamos haciendo es capacitarlos muchísimo para que con menos policías podamos hacer más”.

 ¿50 por ciento menos, 25 por ciento menos… como en qué porcentaje? –le cuestionó el reportero ante la falta de número concretos

 Nos faltaría por lo menos duplicar nuestra fuerza policiaca.

 Aunque la postura no es compartida por Arturo Arango, investigador del ICESI y autor del Atlas delictivo. Al ser entrevistado descartó que más fuerza policial en las calles sea sinónimo de mayor seguridad, pues “muchas veces la presencia de los agentes de seguridad sólo genera más violencia por la forma en que está organizada nuestra policía, que está organizada para extorsionar y no para proteger al ciudadano, el tener más policías no va a resolver el problema, tener más patrullas no va a resolver el problema, esto tiene que ir de la mano con la ciudadanía, se tienen que tomar medidas en conjunto para disminuir la incidencia”.

 Lo que se necesita —explicó en la charla telefónica que sostuvo con El Heraldo de Puebla— es que la ciudadanía denuncie más, “que acuda a la agencias investigadoras y denuncie, desgraciadamente no se tiene la confianza suficiente en los responsables para que eso suceda”.

 En Atlas delictivo, accesible en la página web de la organización (http://www.icesi.org.mx), también se puntualiza: “La percepción de la población a la respuesta de la autoridad ante la denuncia de delitos del fuero común se ha deteriorado a través del tiempo” y la falta de denuncia tiene que ver “principalmente por la baja eficacia que percibe la población del sistema de justicia”.

 

¿Seguro, segura?

 Para los dos encargados de la seguridad tanto judicial —en su fase de investigación y persecución  del delito— como municipal —encargados de la prevención del delito y la vigilancia— Puebla estado y capital son “seguros” y los índices delictivos han ido a la baja.

 Martín sólo mueve la cabeza cuando escucha las aseveraciones. Hace algunos meses le robaron las llantas de su auto. De nada sirvió que el vehículo estuviera estacionado frente a su centro de trabajo, que el sitio estuviera iluminado y que fuera más o menos visible desde el interior de la oficina, los ladrones se llevaron con sigilo y rapidez uno de los neumáticos.

 “Son unos profesionales, el trabajo lo hicieron en unos cuantos minutos, entre dos y cinco. Unos compañeros estuvieron afuera de la oficina platicando un rato, pasaron máximo unos 10 minutos entre que se fueron y salí para encontrarme con el auto todo ladeado, dejaron el coche cojo y se fueron. Y apenas volvió a pasar lo mismo, se llevaron una de las llantas, con rin incluido, de un Jetta que estaba estacionado en la calle. Son unos profesionales, deben tener una pistola para los birlos y un gato hidráulico profesional, todo lo hacen en minutos”. Sobra decir que Martín no denunció el ilícito por falta de confianza en las autoridades responsables.

 Los robos a transeúnte, de autopartes y a casa habitación son la cotidianidad en Puebla como en casi todo el país, sostiene Arango, situación reconocida también por los responsables de la seguridad en Puebla; y aunque Hidalgo Vigueras como Arzola Muñoz insisten en que van a la baja sólo el titular de la Seguridad Pública municipal aventura datos para sostener sus aseveraciones.

 “Recibimos el municipio con 180 incidencias delictivas semanalmente, a los dos meses teníamos 140, hace tres semanas registrábamos 126 y al día de hoy tenemos 121 y 130”.

 El director de la policía judicial sólo afirma que en el estado y en la capital han logrado inhibir el delito más recurrente “el robo en sus distintas modalidades. En eso las corporaciones han sido eficaces en mantener los márgenes de criminalidad bajos, por eso Puebla se considera una de las ciudades más seguras a nivel nacional”.

 Aunque para Arturo Arango la realidad es otra: “El sistema de registro que se lleva desde los cuerpos policiacos está maquillado, están hechos para disimular e inhibir la denuncia ciudadana y así mantener, al menos en términos oficiales, bajos los índices delictivos, cuando la realidad en las calles es otra”.

 Eso ha provocado que la ciudadanía, “que se ha dado cuenta de que la autoridad le miente y en la que ha perdido credibilidad”, se organice ahora torno a su seguridad, “se vive bajo la paranoia de la inseguridad y todo gira en torno a eso, ya no la organiza alrededor del trabajo o la recreación, cómo era antes. Cada vez más hay restricciones autoimpuestas, pones bardas, rejas, pones sistemas eléctrico, se paga seguridad privada, todo para evitar ser víctima de un delito, y en la medida en que esto sucede eso es un reconocimiento de la falla de las autoridades”.

 

Condiciones para el aumento

 El problema en todo esto es que las condiciones económicas actuales son un caldo de cultivo para el aumento de la delincuencia patrimonial, y las pocas respuestas desde el gobierno federal y estatal no dejan de ser meros paliativos, curitas para la parar la hemorragia, como reconocen académicos y policías.

 Para Arzola Muñoz la falta de empleo, “junto con otros factores puede elevar los índices delictivos”, y aunque no es del todo determinante si es “un ingrediente que sirve para incrementar los delitos”.

 Y la misma perspectiva se observa desde la academia, Iván Ramírez Lecona, profesor de la licenciatura de Criminología en el área de seguridad pública, “los factores sociales como la falta de empleo o el cada vez más elevado costo de la vida pueden influir de manera importante en la comisión de delitos”.

 

Sin mapa delictivo

 Aunque la PGJ tiene como objetivo la investigación y la persecución del delito, también intenta trabajar desde la prevención, asegura su director y menciona algunas campañas informativas para alertar a la ciudadanía, ejemplo de eso, dice, es el seguimiento que se hizo desde la dependencia a los llamados secuestros y chantajes virtuales que hicieron mella en nuestro estado en meses pasados.

 También sostuvo que se llevan a cabo acciones preventivas como darle seguimiento a aquellos que han purgado ya sentencias carcelarias, “porque generalmente la gente que delinque, una vez que ingresa a un centro de readaptación social vuelve a cometer delitos”.

 Pero el trabajo de prevención lo hacen prácticamente “a ojo de buen cubero”, pues la dependencia fue incapaz de proporcionar un mapa delictivo de narcomenudeo y consumo de sustancias ilícitas a una petición de transparencia.

 El 27 de agosto de 2007 se presentó a través del Módulo de Acceso a la Información Publica (MAIPEP) la siguiente solicitud: “En el entendido de que la Procuraduría tiene a su cargo no sólo la procuración de justicia sino además la prevención del delito solicitó información referente al uso de sustancias ilegales, estudios sobre los mecanismo de consumo de estas, rutas de acceso de los consumidores, un mapa de colonias problemas en el consumo y las acciones encaminadas desde la dependencia para prevenir las conductas delictivas relacionadas al uso y abuso de sustancias ilegales o drogas”.

 En su respuesta la dependencia antes de entregar la información solicitada sugirió que “para una congruencia y exactitud en la información de todo aquello que tenga relación con uso y abuso de sustancias ilegales y drogas, consulte en su debida oportunidad la Ley General de Salud así como el Código Penal Federal (art.193), ordenamientos legales que contemplan una información mucho más precisa a lo solicitado; no obstante, en forma respetuosa le sugiero también buscar el apoyo del Consejo Estatal Contra las Adicciones y el INEGI donde muy probablemente cuenten con datos estadísticos específicos en esa materia. Respecto a las acciones que esta dependencia desarrolla para prevenir conductas relacionadas con el uso y abuso de sustancias ilegales y drogas, permítame ser reiterativo al comentarle que dentro del programa de prevención del delito se encuentra en una de sus acciones el de la cultura de legalidad, donde se llevan a cabo actividades como pláticas de prevención de adicciones y representación de sociodramas (entre las más específicas y destacables a lo solicitado), en los que se abordan temáticas tendientes a la prevención del consumo de drogas y las probables consecuencias que conllevan el consumirlas…”.

 Cuatro meses después, el 14 de diciembre del mismo año la Comisión de Acceso a la Información Pública (CAIP) revocó la respuesta y fue requerida a entregar la información, pero el documento jamás fue puesto en las manos del solicitante, a cambio la dependencia ofreció una copia del plan de política criminológica, e información sobre las acciones encaminadas a prevenir el consumo y el tráfico, como obras de teatro y representación de sociodramas, pero jamás pudo precisar en qué colonias o zonas de la ciudad de Puebla el problema tiene mayor incidencia.

 

 

56 por ciento de los habitantes de Puebla consideran que vivir en esta entidad es inseguro

 32 por ciento de los encuestados calificó de insegura la vida en la capital del estado

 Cada 22 segundos se registra oficialmente un delito en todo el país

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